Harun Farocki y Gabriel Ventura en la Tàpies

jueves, 29 septiembre, 2016

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Gabriel Ventura

Nos citamos con Gabriel Ventura, escritor, poeta y traductor, frente a la Fundació Antoni Tàpies. Hacía tiempo que me había llegado a las manos su poemario “Ignar” (Edicions Poncianes, 2013) y cuando lo leí me pareció una propuesta verdaderamente insólita y sugerente. Por esta razón le propuse que pensara en una exposición para visitar juntos y comentarla a la vez que hablábamos de su trabajo.

Empatía, una exposición alrededor de la obra de Harun Farocki que puede visitarse hasta el 6 de octubre en la Tàpies, fue la que Gabriel Ventura escogió. Muy pronto se puede entender esta elección ya que una serie de preguntas vinculan a los dos creadores: ¿puede pensarse todavía en una verdadera vanguardia? ¿qué papel juega la escritura y las imágenes en la sociedad de hoy y en el proceso creativo? ¿cómo tomar partido –artístico, político…– y cuál es la función del artista en el mundo contemporáneo?

Gabriel ya conocía bien la obra de Farocki antes de esta exposición y había leído “Desconfiar de las imagenes” (Caja Negra, 2013), una recopilación exhaustiva de textos del cineasta. Mientras estábamos allí se hizo evidente su admiración hacia este cineasta y escritor cuya obra, por suerte, se está dando a conocer cada vez más en nuestro país.

 

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Harun Farocki, Bilder der Welt und Inschrift des Krieges (Imágenes del mundo y la inscripción de la Guerra), 1988. © Harun Farocki GBR

 

Empatía presenta películas militantes de Harun Farocki que éste grabó durante los años sesenta e instalaciones que produjo a partir de la década de los noventa, tratando los mismos asuntos vinculados a las formas de trabajo y modos de producción y su evolución durante este período. Lo que resulta más fascinante es que en todos esos años no se abandona nunca la coherencia y el compromiso políticos, elementos que destaca Gabriel de la obra de Farocki. “Quizá ahora es más difícil tomar posición: el nuevo espacio contemporáneo está siempre en movimiento y la solidez es complicada”, sostiene Gabriel. Es este neoliberalismo, el mismo contra el que arremete Farocki, el que consigue engullir toda diferencia, toda disidencia. “Pero, en efecto, hay una voluntad de toma de posición”, asegura, “y una toma de posición con alegría”.

Esta alegría que nace de la misma pulsión creadora, una fuerza que surge del cuerpo, que es la fuerza de la necesidad. Una fuerza que puede ser violenta pero que nunca será dominadora. Este anclaje del cuerpo como punto de referencia al gesto político y artístico se expresa, manteniendo todas las distancias que se puedan marcar, en Harun Farocki y Gabriel Ventura. De este modo, en dos piezas tan diferentes como “Fuego inextinguible” (1969) y “L’ajudant” (2016), aparece el creador como un personaje secundario, siguiendo el texto de Agamben que inspira la performance de Gabriel Ventura, como un personaje incómodo, porque siempre molesta que nos saquen de nuestra comodidad.

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Izquierda: Harun Farocki, Nicht löschbares Feuer (Fuego inextinguible), 1969. © Harun Farocki GBR Derecha: Gabriel Ventura, L’ajudant, 2016. Foto de Mercè Vila

Otro elemento que une a estos dos creadores es un trabajo con, desde y a partir del lenguaje como experimentación y la relación que se establece entre este lenguaje y las imágenes. Explorar, habría que decir, a pesar de la ignorancia (ignorancia a la que se hace referencia en el poemario de Gabriel Ventura) pero convencidos de que la palabra tiene un papel fundamental al acompañar e incidir todavía más en la crítica de
las imágenes.

Para Farocki las imágenes no son inocentes, todas son resultado de una manipulación y, al mismo tiempo, todas pertenecen a una cultura visual en evolución y cambiante. Así hay que hacer frente a la cantidad de imágenes a las que nos vemos expuestos a diario: imágenes de control, de vigilancia, de deseo, de sugestión…Ante esto “producir imágenes ¿es bueno o es malo?”, se pregunta Gabriel Ventura ante una de las piezas de Farocki.

De ahí que en ambos casos, tanto por parte de Farocki como de Gabriel Ventura, esta reflexión vaya acompañada de un uso de las imágenes que la propia cultura visual ha ido acumulando: fotogramas de películas, fotografías de álbumes de fotos familiares, registros de cámaras de videovigilancia, ilustraciones de enciclopedias antiguas… Así, uno de los ejemplos que encontramos en la exposición es la instalación “Trabajadores saliendo de la fábrica” (1995) en la que Farocki selecciona secuencias de la historia del cine desde las primeras imágenes de los hermanos Lumière, en las que se muestra el final de la jornada laboral en películas de Chaplin, Antonioni o von Trier, entre otros.

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Izquierda: Harun Farocki, Arbeiter verlassen die Fabrik (Trabajadores saliendo de la fábrica), 1995. © Harun Farocki GBR Derecha. Gabriel Ventura, El fantasma de la pastanaga

Hablamos con Gabriel sobre uno de los proyectos en los que trabaja actualmente. Se trata de un libro, “W”, en el que la cuestión de las imágenes, como venimos viendo, es fundamental. No por eso está menos presente el juego con los géneros y las estructuras literarias (“una estructura evidente también es una presencia evidente del autor”, escribe Farocki en uno de sus artículos). Y es que en W  se mezcla poesía, elementos de ciencia ficción y distopías, montaje a través de imágenes… Y en todas estas operaciones se tiene una profunda conciencia histórica y una idea de tradición. Como Farocki sabe muy bien lo que debe a creadores como Straub y Huillet, Godard, Brecht, así Gabriel Ventura reconoce (aunque más o menos indirectamente) la deuda con Beckett, Eckhart, Cirlot, el situacionismo…

Lo que resulta tan atractivo de Harun Farocki y Gabriel Ventura es precisamente que ambos llevan las ideas hasta el límite y no temen correr ningún riesgo porque la convicción es más fuerte que todo temor. Precisamente Straub decía que “el cine tiene que hacer algo diferente a la mierda que estamos obligados a comprar en el supermercado”. Y desde luego esta crítica es compartida por ambos y esto es lo que más debemos valorar: el hecho de que sean dos propuestas que, con una cierta actitud visionaria, muestren de una forma tan clara como descarnada, lo perturbador, inquietante, y vertiginoso, de la condición humana.

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