Fotografía slow

jueves, 20 noviembre, 2014

Por

 

“Como toda forma de arte, la fotografía no se emplea por la mayoría de la gente como un arte en sí. La fotografía es un rito social, una defensa contra las angustias y un instrumento de poder.”  Susan Sontag


Susan Sontag es la autora de esta reflexión que se puede encontrar en “On Photography” uno de los grandes análisis teóricos sobre el medio fotográfico y su impacto en nuestra sociedad. Aunque han pasado más de 40 años desde su publicación, la mayoría de reflexiones de Sontag siguen estando vigentes ya que como medio, la fotografía, no ha hecho más que incrementar su presencia en nuestras vidas debido a la aparición de la fotografía digital y a la integración de ésta en los dispositivos móviles.

Nadie negará que la fotografía digital dio, hace unos años, una vuelta de tuerca más: la proliferación de filtros simulando efectos vintage. No sólo estamos hablando de Instagram, sino del millón y medio de aplicaciones que permiten customizar y envejecer fotografías recién hechas. Fotografías retocadas que seguramente no salgan del medio digital: del smartphone a Twitter y del Twitter a Facebook o como mucho a un email que le acabas enviando a tu madre para que se ponga de fondo de pantalla de su nuevo smarthphone.

Alberto Gamazo puede que sea uno de los últimos románticos que se ha atrevido a plantear una propuesta totalmente nueva y antigua a la vez: un estudio de retratos basado en la técnica del colodión húmedo. La posibilidad de retratarse con una técnica olvidada y en desuso en pleno centro de Barcelona. Hablamos con él en el estudio de la calle Paloma mientras oímos de fondo la obra de turno que de forma tímida pero constante quiere cambiar remodelar el barrio del Raval.


¿Qué tiene el Raval para que hayas decidido situar tu estudio en este barrio?
El Raval puede que sea uno de los últimos reductos de la Barcelona preolímpica. Un lugar que todavía conserva algo de lo que fue el barrio Chino por excelencia, y por tanto, uno de los barrios que empieza la tan temida gentrificación. Me mudé hace 3 años desde Asturias y además de ser el barrio que más me ha atraído de la ciudad, es uno de los pocos que reúnen las características que necesito para el estudio. En este local en concreto tengo un espacio bastante grande para el laboratorio, una pequeña office y lo mejor: entrada a pie de calle.

¿Qué personas se quieren retratarse con esta técnica?
Al principio de instalarme pensaba que vendría gente familiarizada con este tipo de procesos, sobre todo fotógrafos que hubieran estado en contacto con esta técnica y les apeteciera verla de cerca. Aunque, por otro lado, también tenía un prototipo en mente de cliente: gente joven, urbanita y más o menos versada en este movimiento de vuelta a los orígenes.
La verdad es que en el poco tiempo que lleva abierto el estudio ha venido gente de todo tipo, en un rango mayor del que me hubiera imaginado incluso. También me ha sorprendido porque hay mucha gente que pasa por la calle y se acerca, sin saber nada de la técnica, simplemente porque les crea curiosidad el resultado final y aunque a veces entran a preguntar  luego mucho de ellos se animan a ser fotografiados.

Hay algo en la mirada de los retratados que te cala hondo…
Por un lado la calidad estética única, las fotografías que se obtienen a través de esta técnica no se parecen a ningún otro tipo de fotografías que yo conozco. Y esto viene dado por algunos factores: el primero está estrictamente relacionado con la sensibilidad de la luz, ya que el colodión es menos sensible a la luz y por tanto el tiempo de exposición se dispara hasta casi 1 minuto.  Este hecho le otorga a la fotografía un aspecto mucho más reflexivo; no sólo por la parte de fotógrafo, el proceso es largo y costoso y por tanto te exige una gran reflexión; sino también por parte del fotografiado que debe aguantar la postura más tiempo.

¿Cuál es la esencia de los retratos realizados con colodión húmedo?
Cuando la luz está entrando en la placa 15 ó 20 segundos, lo que estás capturando es un instante de la vida de esa persona. Este hecho sí que requiere una toma de conciencia, desde mi punto de vista, a nivel filosófico, una predisposición por ambas partes para pactar que lo que estás haciendo es algo trascendente. El mero hecho de saber que la pieza artística va a dar como resultado un objeto físico, cambia un poco el paradigma y la relación que se establece.

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