Fina Birulés: “Aceptar ser una excepción implica aceptar la regla”

martes, 30 septiembre, 2014

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Foto: Francina Ribes

Fina Birulés es profesora de filosofía en la Universitat de Barcelona y fundadora del Seminario “Filosofía i Gènere”, activo desde 1990. Además, organizó en el año 2002 un congreso mundial de mujeres filósofas en Barcelona. Es experta y traductora ocasional de la obra de algunas de las filósofas más importantes del siglo XX, entre ellas Hannah Arendt. También es autora de numerosos libros, el último de los cuales, publicado este mismo año, se titula “Entre actes : Entorn de la politica, el feminisme i el pensament (Tinta Fèmina)”. Un título que tiene toda su explicación: “estamos en un momento, a mi entender, en lo que se refiere al feminismo y al pensamiento -y quizá a la política también-, en el que parece que todo lo importante ocurrió en una escena anterior y que ahora estemos a la espera de la siguiente escena.” Y añade que, además, “pensar tiene algo que ver con distanciarse la acción, con detenerse cuando tenemos la tentación de precipitarnos.”

Inevitablemente, el libro trata la relación entre filosofía –o pensamiento- y feminismo. “Yo me dedico a la filosofía y soy feminista así que se me han entrecruzado las dos cosas. Pero creo que el acto de pensar tiene que ver también con la propia experiencia, no solo la experiencia privada, sino también los contextos en los que vives y que tratas de comprender, esto es lo que hace básicamente la filosofía. Y hay que decir que hoy hay bastantes teóricas feministas que son filósofas”. Para evidenciar esta conexión menciona a “Julia Kristeva, Seyla Benhabib, Nancy Fraser, Luisa Muraro… la misma Butler es filósofa de formación, y Beauvoir no lo era pero estaba muy cerca de la filosofía.”

El otro gran eje del libro es la política. “Podríamos decir que el feminismo, se entienda como se entienda, tiene una clara conexión con una intervención o una vindicación políticas. Porque lo político está relacionado con el espacio público y las mujeres tradicionalmente han estado relegadas al espacio privado. Y toda vindicación o decisión de aparecer en el espacio público es una decisión política”. Además, añade que “el hecho de pensar desde eso que no ha sido contemplado permite ver de otra manera la política, o darse más cuenta de sus límites. A pesar de que ahora hay muchas mujeres feministas que están absolutamente integradas en lo que podríamos llamar una especie de feminismo de estado.” Frente a la pregunta de si es posible despolitizar el feminismo, responde: “La política tiene que ver, más allá de los partidos políticos, con la voluntad de repensar el mundo común y las formas de relación en el mundo común. Por lo tanto el feminismo siempre es político en este sentido. Además hay autoras cuya obra no se clasificaría como política, como por ejemplo Clarice Lispector, y que en cambio han podido tener grandes consecuencias en la política de las mujeres.”


Uno de los temas más recurrentes en el libro es la importancia de rescatar el legado de las mujeres, en concreto en el ámbito de la filosofía. “Cuando hablamos de filosofía hablamos básicamente de la tradición filosófica occidental, que es una tradición masculina, aunque se pretende neutra. Yo no sé si estudiaste filosofía en el instituto, pero no había ni una filósofa en el programa de estudios, y en la carrera tampoco. Cuando empezamos con el Seminario nos pusimos a investigar sobre las filósofas y nos llevamos una gran sorpresa. Nosotras pensábamos que nos daría para escribir unos pocos artículos, pero empezando a buscar, descubrimos a pitagóricas, humanistas, epicúreas… y en el caso de las griegas, con el mismo número de fragmentos y del mismo interés que sus colegas masculinos. Hasta el punto que la colección de clásicos de la Bernat Metge aceptó la propuesta del libro de fragmentos de las pitagóricas. Y por otra parte es muy sorprendente la sensación de que siempre que hay una mujer que piensa parece ser la primera y la única. Incluso acostumbra a usarse para ella la categoría de excepcionalidad. Entonces, la necesidad de recuperar un cierto pasado de las mujeres no es solo para reparar una injusticia histórica, sino porque las mujeres del presente las necesitamos. Necesitamos tener una cierta herencia, y a partir de esta herencia cada cual hace lo que quiere, la rechaza, la aumenta… es decir, necesitamos algo donde ubicar nuestro pensamiento, algo que nos permita saber qué significa conservar y qué significa innovar. Y pienso que este es un elemento que vale tanto para la filosofía como para el resto de la cultura”.

Le comento como las impulsoras de la plataforma “pioneras del cinema” bromeaban sobre su nombre con el hecho de que parece que todas las cineastas siguen siendo pioneras, porque aunque ha habido mujeres relevantes en el mundo del cine desde sus orígenes, siempre parece que salen de la nada, luego se borra el rastro y se vuelve a empezar desde cero. “básicamente el problema es la no transmisión. Cuando están, más o menos se las reconoce… pero cuando desaparecen, eso que se transmite, es decir la historia de la filosofía en bachillerato, por ejemplo, sigue siendo igual.”

El Seminario “Filosofia i Gènere”, que ella misma fundó, lleva 24 años en activo “Empezamos en el 90. Estuvimos 2 ó 3 años de trabajo voluntario, incluso a menudo los fines de semana. Trabajábamos con chicos y chicas de la licenciatura que se apuntaron sin que reportara nota, ni créditos. También con profesoras del Departamento de Historia de la Filosofía y de griego, porque los textos de las pitagóricas, por ejemplo, como no habían sido transmitidos, estaban en griego y sin todo el tejido interpretativo que los clásicos han merecido habitualmente. En estos primeros tiempos en la Facultad nos miraban entre irónica y críticamente. Pero después empezamos a tener el apoyo del Ministerio, sobre todo en forma de financiación de proyectos de investigación. Después empezamos a invitar a las teóricas feministas que más nos interesaban, y a algunas que habían trabajado las autoras que estudiábamos, por ejemplo Luisa Muraro o Françoise Collin. Comenzamos a participar en el debate feminista teórico y establecimos muchas relaciones. Más adelante iniciamos la docencia con la impartición de cursos relacionados con las filósofas en alguna optativa de la carrera… Hemos hecho, Rosa Rius y yo misma, traducciones de filósofas que en ese momento no se conocían, por ejemplo Hannah Arendt. Hemos convencido a las editoriales del interés que tenía la publicación de la obra de Arendt, Jeanne Hersch, Simone Weil… y también hemos escrito sobre ellas.” Sobre el estado de la cuestión actual opina que “el problema ahora es que la universidad ha sufrido una total transformación. Esto a lo que llaman “crisis” ha significado una reducción muy alta del número de becas. El plan Bolonia ha convertido la relación entre estudiantes y universidad en una relación cliente-vendedor, cosa que acaba en cierta manera con la idea de comunidad universitaria.” Pero añade con un punto de optimismo: “Pensamos que hay una parte de la labor que hemos hecho que ha tenido resultados. Ahora hay más gente que trabaja estos temas. Quizá tenemos que parar nosotras y que trabajen ellos”, concluye irónicamente.

“La filosofía, como te decía, es básicamente masculina, por no decir misógina. Y me refiero a la modernidad. Antes simplemente sólo estaban ellos, pero ahora, se podría decir que desde la Revolución Francesa, tiene un fuerte componente misógino.” En este sentido, afirma que “la modernidad no es tan maravillosa como se presupone. Cada vez que ha habido un movimiento revolucionario –y en general las revoluciones son modernas- las mujeres han estado en el centro. En la francesa tuvieron un papel muy importante… después, no solo a algunas les cortaron la cabeza, sino que se lanzó toda esta teorización sobre por qué tenían que volver a casa. Como cuenta Geneviève Fraisse en su libro “La musa de la razón”, inmediatamente después de la Revolución Francesa, hubo un debate como no había habido hacía siglos sobre por qué las mujeres no tenían que aprender a leer. Y son justamente los filósofos podríamos decir más brillantes, los más conscientes, los que teorizan la nueva exclusión después de la proclamación los derechos, no sólo de las mujeres, también de los negros y otras minorías. Un ejemplo claro es Hegel y toda su teorización de lo femenino, en la Fenomenología del espíritu… o la imagen que ha pervivido de Antígona. Betty Friedan hablaba de algo muy parecido en relación a la segunda Guerra Mundial y como en los años 50 es necesario hacer volver a las mujeres a sus casas, después de haber ocupado sitios de responsabilidad en las ciudades durante la guerra. Y la revolución rusa también es otro caso muy interesante desde este punto de vista porque inicialmente era muy revolucionaria con respecto al papel de la mujeres.”

Fina Birulés es conocida por su condición de experta en Hannah Arendt, sobre quien ha publicado varios libros. Ante la pregunta de por qué se interesó por ella, responde: “En el Seminario cuando empezamos nos repartimos los nombres que encontramos. Yo a ella la conocía un poco y me había sorprendido porque era la única filósofa que conocía que para hablar de la finitud humana en lugar de hablar de la mortalidad hablaba de la natalidad. También había leído un libro suyo “Sobre la revolución” que me había impactado mucho, aunque no en sentido positivo”. Afirma que, según su punto de vista, lo más interesante de Arendt es “que te ayuda a pensar. Es un poco difícil estar de acuerdo con ella porque es bastante irritante, pero cuando se plantea un problema tú miras aquí y ella mira hacia allá. Proyecta el foco donde tu no esperabas. Tiene una manera de pensar fuera de los prejuicios, ya sean de izquierdas o de derechas. Cuando esperas que aplauda la revolución francesa, aplaude la americana. Cuando esperas que diga que Eichmann es un asesino sádico, habla sobre el mal banal.”

Sobre su polémica relación con el feminismo, cuenta lo siguiente “Arendt no era feminista pero tenía amigas feministas. Hizo una reseña para el libro de una amiga sobre la emancipación femenina y en ella se ve que sabe perfectamente de qué va el tema. Pero lo que tiene gracia es que, cada vez que intentan que diga algo malo del feminismo públicamente no lo dice. Por ejemplo, en la entrevista que le hicieron para Zur Person en los años 60. O cuando le preguntan por enésima vez “qué se siente siendo la primera mujer que…” y ella responde “yo hace mucho tiempo que estoy acostumbrada a ser una mujer”. Yo diría que ella era muy consciente, por judía, de que una no puede aceptar ser una excepción. Porque si lo acepta, acepta también la regla de la cual es la excepción.”

Insiste en que, más allá de preguntarse por el feminismo de Hannah Arendt, la pregunta debería ser “¿Cómo nos ha cambiado a las feministas haber leído a Arendt? Yo diría que hemos encontrado en sus planteamientos vías para hacer una propuesta de pensamiento de la política que sea inclusiva pero que no sea la tradicional.” Reconoce que Arendt parece haberse convertido en “la filósofa de moda”. En parte gracias a la película que realizó Margarethe Von Trotta Hannah Arendt (2012), pero también por motivos que van más allá del film. “Quizá por dos cosas. Una porque cuando cayó el muro de Berlín, podríamos decir que el marxismo perdió casi toda su fuerza. Y la crítica arendtiana al marxismo, aunque durante la Guerra Fría no se consideró así, bien leída es una crítica de izquierdas. Y por lo tanto, ella es alguien a quien parte de la izquierda puede leer buscando respuestas… y después porque su concepción de la política es muy interesante. Pone en el centro la noción de libertad, más que la de igualdad. Y la idea de que la política es espacio de relación y no una mera cuestión relacionada con el dominio. Es decir, pone sobre la mesa que la verdadera pregunta no es quién tiene que mandar sobre quién sino qué tipo de relaciones establecemos. Yo creo que, en parte gracias a Arendt, la teoría feminista ha visto la necesidad de repensar la noción de libertad. El feminismo ha estado siempre ligado a las izquierdas -aunque la izquierda no muy ligada al feminismo-, y podríamos decir que la izquierda ha regalado a menudo la noción de libertad a la derecha, a los liberales… pero regalar la noción de libertad quiere decir quedarse solo con la de igualdad que presupone pura y simplemente la homogeneización”

El libro indaga en la importancia de estos dos conceptos en la política: igualdad y libertad. “Ahora parece que el modelo de cualquier relación sea el modelo de la igualdad. Como si todos los problemas se pudieran resolver recurriendo al derecho, añadiendo leyes. Cuando está claro que, aunque hace falta tener leyes y modificarlas de vez en cuando, de lo que se trata de hacer compatible igualdad y libertad. La libertad es la posibilidad de singularizarse, de poder desplazarse, real o metafóricamente. Esto no tiene que ver con la ley, tiene que ver con el control del propio cuerpo, con las decisiones que toma cada uno, con la red de relaciones que establece. Lo importante es que la transformación de las relaciones realmente tenga lugar. La libertad femenina no es idéntica al hecho de tener los mismos derechos que los hombres. Se pueden tener los mismos derechos en una sociedad igualitaria y que perviva la violencia contra las mujeres: la violencia no va contra el principio de igualdad sino contra el de libertad. Es un intento de controlar los movimientos y los cuerpos de las personas -porque esto también serviría para el racismo-. Pero estas relaciones no se modifican tan fácilmente. Es interesante y problemático, ¿cómo se hace para modificar las actitudes de falta de respeto a la libertad, si no es hace añadiendo más leyes? Modificando las relaciones simbólicas, pero esto ¿cómo se consigue?”

Coincidimos -y también habíamos hablado de este tema con Andrea Alvarado Vives en que no parece que la vía por la que se está intentando sea la correcta. Hablamos por ejemplo de los recientes consejos para prevenir la violación del Ministerio de Interior o de cómo se han configurado las leyes de aborto “son claramente gestos de control de los cuerpos.” También a modo de mal ejemplo, me habla de una campaña contra la violencia contra las mujeres que se llevó a cabo durante el Gobierno de Zapatero “En el vídeo salían actrices famosas maquilladas como si las hubieran agredido. Y el mensaje final era “esto te puede pasar a ti”. Yo les escribí indignada: ¿con dinero del Estado me estáis amenazando? Estaba hecho con buena intención, pero lo que hacía era reforzar la imagen de la mujer como víctima.”

Otra idea que se cuestiona más de una vez en el libro es la de que “los hombres nos han sustraído alguna cosa” y se afirma que aunque sea así, ellos “no están en condiciones de restituir nada”. “Esto tiene que ver con la noción de independencia. Es decir, si toda la libertad de las mujeres depende de que los hombres dejen de hacer algo determinado, entonces es que no somos libres ni independientes. Creo que la liberación no tiene que venir de sus concesiones. La idea esta de que “las mujeres serán libres cuando los hombres lo decidan” es muy marxista. De cuando las reivindicaciones de las mujeres marxistas se posponían para cuando la revolución hubiera triunfado.” Esto está relacionado con el cuestionamiento de las cuotas de presencia femenina. “La cuotas en principio no me parecen bien, pero yo estoy muy convencida, igual que Arendt en este sentido, de que las acciones no tienen siempre el resultado que esperábamos, y no dudo que quizá, en ciertas circunstancias, haber hecho el gesto de poner cuotas haya podido significar un avance. Pero creo que si las hay tendrían que ser siempre del 50%, y de esta manera, si ellas son cuota que ellos lo sean también”.

Uno de los capítulos del libro reflexiona sobre nociones como “la indiferencia de los sexos y el elogio de los márgenes” frecuentes en cierto postfeminismo. “La tesis de la indiferencia de los sexos me parece que puede tener un componente crítico interesante pero también presenta muchos problemas a mi entender. Entre otras cosas porque quizá se va demasiado rápido teorizando la indiferencia de los sexos. Y, soy consciente de que en este punto simplifico demasiado, pero creo que dar por descontado esto en algunos ámbitos vuelve a ser hacer desaparecer a las mujeres.” Birulés habla en este momento de autoras como Beatriz Preciado o Itziar Ziga: “creo que han intentado, diría yo (y no sé si ellas estarían de acuerdo) ocupar espacios de lo masculino, romper un poco las reglas del juego, cosa que está bien. Pero hasta cierto punto este elogio de los márgenes que proponen es ambiguo. En los márgenes se ve lo que no se ve desde el centro, pero no siempre estar en los márgenes es un lugar de crítica, a menudo es simplemente un lugar de sufrimiento y de voluntad de salir de ellos. Paradójicamente, a pesar de que hacen apuestas muy fuertes, muy lúdicas y muy críticas, entre un centro que ya no es totalmente centro, porque está muy diseminado, y la total exclusión… a veces me parece que coinciden con las tesis del feminismo de estado.” Pero añade “es un movimiento interesante porque es crítico con lo que fue el feminismo de los 70. Es una generación joven, que ha crecido en un contexto en el que ya hay las leyes que respetan los derechos de las mujeres, en un nuevo escenario. También hay que decir que este post feminismo tiene que ver con la gran influencia que han tenido las reflexiones de Butler y otras, con el tema del género. Y con la tesis que introducen ellas de que la gran exclusión es a partir de un principio de heteronormatividad obligatoria, y no por el hecho de ser mujer, que hasta el momento era lo que había proclamado feminismo.” Aunque personajes como Beatriz Preciado llevan estas teorías a una especie de extremo “lo lleva a un extremo que a mí me parece interesante, la única cosa es que posiblemente es un extremo más estético que político. Es una cuestión que seguramente también es política, pero creo que no es una casualidad que su seminario esté en los museos.”

Para acabar, le pregunto cómo ha evolucionado su visión del feminismo desde los años 70. “Yo en los primeros 70 veía el feminismo con una cierta lejanía. Tenía amigas feministas pero no participé directamente hasta en los 80. Creo que siempre he sido alguien a quien le ha interesado el feminismo desde un punto de vista sobre todo teórico. No he sido una militante de las que están al pie del cañón, pero podríamos decir que nunca he estado en primera línea, más bien he intentado pensar cosas. Y el contexto feminista de Barcelona siempre ha acogido mis reflexiones con un interés que tengo que agradecer.”

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