Intercambios entre arte y cine con Marla Jacarilla

Lunes, 30 Enero, 2017

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Hace unos 120 años los hermanos Lumière proyectaron por primera vez en París “La llegada del tren a La Ciotat”. Las imágenes en movimiento no eran algo nuevo por aquel entonces –Edison ya había inventado el kinetoscopio– pero sí era la primera vez que se proyectaban en una pantalla. Se cuenta que ante la aparición del tren llegando a la estación, el público se levantó asustado, alejándose de la pantalla, pensando que realmente el tren podía pasar por encima de ellos. Si la historia es verdad o no, poco importa en este caso porque, al fin y al cabo, realidad y ficción, como en las obras de Marla Jacarilla, están totalmente entrelazadas: al igual que sucede en “26 variaciones sobre la ínfima posibilidad” (2014), las anécdotas pueden ser reales o pueden no serlo.

Izquierda. La llegada del tren à La Ciotat. August y Louis Lumière, 1895 Derecha. 26 variaciones sobre la ínfima posibilidad (de la serie Anotaciones para una eiségesis). Marla Jacarilla, 2014

Marla Jacarilla desarrolla su obra a partir de la escritura, el vídeo, la performance e instalaciones. Destaca la forma en la que se contaminan en su trabajo las diferentes disciplinas y se establecen relaciones entre literatura y artes visuales generando nuevas narrativas y resignificando historias e imágenes a través de nuevos relatos. Algo similar es lo que ha sucedido con el cine, como se muestra en la exposición de CaixaForum, “Arte y cine: 120 años de intercambios”,  durante sus 120 años el cine se ha convertido probablemente en una de las artes con más deudas, huellas y referencias con su historia y con la historia del resto de artes.

Empezamos a ver la exposición, que se organiza por décadas a partir de finales del siglo XIX, y lo primero que llama la atención a Marla Jacarilla es la cuestión de la tecnología. Parece que la visión que la exposición quiere dar en un primer momento es que gracias a esta tecnología en constante evolución, podemos ser capaces de tener en el bolsillo ese dispositivo que cada segundo nos ofrece composiciones maravillosas en una pantalla… Pero no sólo eso sino que es la tecnología la que asegura un acercamiento objetivo a la realidad.

Izquierda. Fotografías de corrientes de humo para el estudio de los movimientos del aire. Étienne-Jules Marey, 1899 – 1902 Derecha. Fotograma de La improbable veracidad de la historia que estoy narrando (de la serie Elucubraciones en torno a esa serie de características que debería tener –o no– la literatura del futuro), Marla Jacarilla, 2013

Esa técnica que pretende acercarse a la objetividad en los estudios del movimiento de Marey o Muybridge es la que, sofisticada a lo largo de los años, permite distorsionar esa realidad, como hace Marla Jacarilla en “La improbable veracidad de la historia que estoy narrando” (2013) dentro de la serie “Elucubraciones en torno a esa serie de características que debería tener –o no– la literatura del futuro” donde el juego entre realidad y ficción es un elemento fundamental. En esta pieza, por ejemplo, partiendo de la infancia de Gombrowicz llega a la suya propia poniendo en evidencia los mecanismos de creación de ficciones, para que el espectador sea consciente de este proceso.

El trabajo de Marla Jacarilla se nutre de estas fricciones entre realidad y ficción existentes en la base de la teoría de la literatura. La capacidad narrativa del ser humano es en parte la capacidad de ficcionar. Entendemos por ficcionar el hacer como existente algo ideal, fingir, simulación no sólo como engañar sino como algo que se asemeja. Ficcionar es pintar con palabras y así dar existencia a lo ideal y simular con imágenes.

Izquierda Fotograma de Vertigo. Alfred Hitchcock, 1958 Centro y derecha. Manual de instrucciones para interpretar falsas novelas (de la serie Elucubraciones en torno a esa serie de características que debería tener –o no– la literatura del futuro), Marla Jacarilla, 2013

Vale la pena destacar cómo Marla Jacarilla invierte esta relación entre realidad y ficción, y subordina la primera a la segunda. Algo extensible a la historia misma y así, tanto en “Elucubraciones en torno a esa serie de características que debería tener –o no– la literatura del futuro” como “Anotaciones para una eiségesis”, vemos cómo historias ficticias se entrecruzan como una urdimbre con las personales y los acontecimientos históricos oficiales (esa historia en mayúsculas); estas historias que Jean-Luc Godard tomaría de la tradición cinematográfica para elaborar su Histoire(s) du cinéma y dar visibilidad a esas historias silenciadas y silenciosas. El trabajo de Marla Jacarilla aprovecha estos restos para producir nuevas historias, verdaderas o falsas.

Las intrusiones a las que se hacía referencia son las que en la exposición quedan de manifiesto entre el arte y el cine. Al final, procesos como el de apropiación, plagio o copia son inherentes a la creación artística. “¿Qué es el cine?; ¿cómo hacer cine?; ¿para quién hacer cine?” son las preguntas que motivan “24/25” (2014) y en el que se plantean estas ideas.

Izquierda Fotograma de Histoire(s) du cinéma. Jean-Luc Godard, 1988-1998 Derecha. Fotograma 24/25, Marla Jacarilla, 2014

Godard es uno de esos cienastas con una clara conciencia de lo que supone montar y el papel que tiene el montaje, palabra que al mismo tiempo evoca la farsa, algo que se prepara para que parezca real, para la construcción de un discurso. Cine y montaje son inseparables y precisamente este último hace recordar que el cine no existiría sin el componente fotográfico: cada segundo se suceden 24 fotogramas. En la exposición se vinculan los negativos de Germaine Krull de estructuras metálicas siguiendo unos ritmos formales marcados por el estilo de montaje de cineastas como Dziga Vertov o Serguei Eisenstein.

Fotograma de El acorazado Potemkin. Serguei Eisenstein, 1925

Izquierda. Conocimiento como interpretación (de la serie Anotaciones para una eiségesis). Marla Jacarilla, 2015 Derecha. Epístolas en verso libre (de la serie Anotaciones para una eiségesis). Marla Jacarilla, 2014

Pero el montaje puede estar presente de muchas formas y así lo demuestra la artista a lo largo de su trabajo. Es el caso de “Conocimiento como interpretación” (2015) o “Epístolas en verso libre” (2014). En el primero la artista destruye parte del Diario de Moscú de Walter Benjamin, escrito entre 1926 y 1927, y lo reconstruye alrededor del plano de la ciudad de Moscú, colocando fragmentos al azar y, a pesar de que en la distancia parece una página al uso, cuando es visto con detalle se evidencia un cúmulo de fragmentos en las que se componen nuevas palabras. En Epístolas en verso libre se componen cartas dirigidas a escritores fallecidos como Miller, Strindberg, Cortázar, Duras y Faulkner entre otros, a partir de palabras de sus propios relatos inéditos.

Marla Jacarilla, sin perder el sentido del humor, demuestra que se pueden tratar temas como la memoria, la historia (de la literatura, del cine, la de una misma…), la realidad, la precariedad laborar, etc., desde la ironía, sin caer en discursos grandilocuentes. Al fin y al cabo, el cine empezó siendo un número de feria y no por ello nos ha dejado de emocionar a lo largo de los años con sus imágenes y sus historias.

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