Estética y política de las nuevas tecnologías

jueves, 20 julio, 2017

Por

 

Fotografía de Joana Moll. Montaje de Barcelonés

En todos sus proyectos, la artista e investigadora Joana Moll desnuda las tecnologías digitales como dispositivos de alfabetización, control y vigilancia, así como la huella material que a través de su uso dejamos en el sistema ecológico.

¿De dónde surgió tu interés por desnudar esa relación casi supersticiosa que tenemos con la tecnología?
Desde pequeña he tenido una necesidad bastante grande de entender las fuerzas o estructuras invisibles que nos gobiernan, que nos hacen hacer una cosa u otra de cierta forma en vez de otra. Para mí este ejercicio siempre ha sido fundamental para poder entender las narrativas que articulan la realidad en que vivimos.

En tu trabajo conviven activismo e investigación. Tus obras semejan tesis de sociología de la comunicación expuestas en una sala de arte ¿Te consideras más una activista que una artista?
Siempre me hacen esta pregunta y casi siempre contesto lo mismo. Más que cualquier otra cosa, mi trabajo documenta cosas. ¿Por qué? Ser activista o artista nunca ha sido una finalidad en lo que hago, pero investigar para documentar y revelar si. En este sentido, el activismo y la práctica artística son dos consecuencias derivadas de mi trabajo.

¿Concibes una idea de la estética separada de la política?
No, son inseparables. Incluso la idea de separar la estética de la política sería una posición política por lo que la estética reflejaría este fenómeno. La estética refleja los valores e intereses, la manera de hacer de una época concreta.

¿Nos darías un ejemplo?
Ayer leí una entrevista a Suzy Menkes, un peso pesado en la industria de la moda en los últimos 30 ó 40 años. Suzy dijo algo muy interesante acerca de cómo en los últimos años la moda se ha convertido en algo inmediato, vulgar, dónde el conseguir algo nuevo de forma rápida es más importante que la calidad o la profundidad e identificó esta tendencia como un aparador de eventos políticos recientes, como por ejemplo la victoria de Trump en Estados Unidos. En mi opinión, en nuestra sociedad la visibilidad ha pasado de ser un canal necesario para comunicar cosas a convertirse en una finalidad en sí misma y la estética que nos rodea refleja esto de forma muy clara.

La exposición de la vigilancia geopolítica de la frontera USA-México en The Virtual Watchers parece sacada de la prolífica imaginación ludita de Charlie Brooker (Black Mirror) ¿Crees que ya hemos superado los pronósticos ficcionales del imaginario cyberpunk distópico o todavía falta que llegue lo peor?
La agencia que las máquinas tienen sobre nosotros es innegable y la capacidad de éstas para gobernarnos no solo a nivel organizativo sino cognitivo es cada vez más precisa. Muchos autores entendieron muy bien las dinámicas derivadas de una sociedad gobernada por la tecnología hace muchos años, aunque no sabría decirte si imaginaron el tipo de tecnologías que se están desarrollando ahora mismo y las consecuencias de estas sobre lo individual y lo colectivo. Aunque no es un fenómeno nuevo, actualmente existe una tendencia cada vez más acusada de aplicar técnicas desarrolladas en el terreno militar en áreas de marketing y diseño, sobre todo tácticas propias de la “guerra psicológica” (Psychological Warfare), las operaciones de las cuales consisten en influenciar las emociones, motivos, razonamiento objetivo y comportamiento de individuos, grupos, gobiernos y organizaciones de todo tipo. Tal y como apunto en The Virtual Watchers, la sociedad está siendo cada vez más militarizada, silenciosamente, a través del trabajo intangible y no remunerado. De todas formas creo que los verdaderos escenarios distópicos aparecerán cuando no haya recursos naturales suficientes para seguir alimentando esta maquinaria y los humanos que la operan y nutren.

En dos de tus últimas obras (relacionadas entre sí) DEFOOOOOOOOOOOOREST y CO2GLE exponías la representación gráfica de los efectos materiales, como la deforestación, que provocan las búsquedas en Google. Al igual que el consumo de proximidad o la energía eólica ¿Existen alternativas más ecológicas a nuestro paradigma actual de comunicación online?
Sí, pero es necesario buscar e indagar. En estos momentos dentro del grupo de investigación Critical Interface Politics que co-dirijo en Hangar estamos trazando un futuro proyecto europeo centrado en analizar en profundidad el impacto material de la transferencia de datos en Internet y desarrollar metodologías y herramientas para contrarrestar su huella ecológica. La idea es establecer las bases para crear un estándar europeo abierto capaz de certificar y promover prácticas online respetuosas con el medio ambiente.

¿Quiénes son tus referentes y fuentes de inspiración teóricos y artísticos?
Hay muchísimos, no sólo eminencias sino también conversaciones en bares, con amigos íntimos o con personas con las que he compartido avión. Franco Berardi es uno bastante claro, luego está todo el trabajo de Eugenio Tisselli, sobre todo en la forma que su trabajo tiene en mezclar investigación con arte y activismo de una forma muy natural. Andrew Feenberg, Joseph Beuys, Jussi Parikka, Carles Hac Mor, Tiqqun, Jodi Dean, Antoinette Rouvroy o Kate Crawford, son otras que me han influenciado o ayudado a articular ideas en un momento dado. Pero como he dicho, hay muchísimos más.

¿En qué estás trabajando actualmente?
Aparte del proyecto europeo explicado anteriormente, ahora mismo estoy trabajando como asesora en Tactical Tech, una ONG con sede en Berlin que analiza el impacto de las tecnologías en nuestra sociedad. Allí estoy desarrollando una investigación sobre el tráfico ilegal de datos personales en webs de citas online.

¿Cuáles son tus futuros proyectos?
Junto con Vladan Joler, director de Share Foundation, estamos escribiendo un texto que habla sobre la huella ecológica del sistema de vigilancia capitalista (capitalism surveillance). También he empezado a investigar el impacto medioambiental de los procesos de negociación de alta frecuencia (High Frequency Trading) en los mercados de divisas (FX trading). Por último estoy dando un curso sobre Interfaces críticas en la Potsdam Universität, en Potsdam (Alemania).

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