Enric Farrés Duran: colección, ficción y mentira

lunes, 5 marzo, 2018

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Me encuentro con Enric Farrés Duran (Palafrugell, Girona, 1983) a los pies de la Seu Vella de Lleida tras pasar unos días en el taller Demo_6, el programa de formación que organiza el comisario Jordi Antas en colaboración con La Panera. El taller ha terminado pero Enric me cita en este lugar tan bello y particular porque ha organizado, en colaboración con otras instituciones culturales, un concurso de pintura rápida relacionado con la Lleida medieval y que parte de un cuadro de la colección del Museu Morera.

Según el “Diccionario de los lugares comunes” de Gustave Flaubert, la palabra “método” tiene como definición “no sirve para nada”. Esta es la premisa de la que partió Enric en Demo_6 pero es, también, un buen punto de partida para empezar a hablar de su trabajo, un trabajo que a menudo se compone de proyectos largos en el tiempo y con finales o partes impredecibles pero que, si algo tienen en común, es que suelen partir de la intervención o investigación de colecciones o contener una buena dosis de ficción. “La colección es clave dentro de todo mi trabajo y, sobre todo, por el hecho de que es una herramienta. Hay dos líneas que sigo en relación a la colección. Una es la de Los Papeles del Siglo, que son los 3500 papeles que fui recopilando cuando trabajé en una librería de segunda mano y la otra es todo el trabajo que he ido haciendo con Joana Llauradó, que es historiadora del arte y con quien siempre trabajo partiendo de colecciones de museos: haciendo revisiones y trabajando diversos temas como lo público, lo que se enseña y lo que no… Entendemos siempre la colección de una manera muy amplia, desde una lista de Spotify hasta un tesoro real del siglo XVI. El trabajo con la colección también nos permite reflexionar sobre aspectos como la generación de conocimiento o las taxonomías”.

Su relación con la colección le ha llevado a reflexionar también sobre los métodos de catalogación, el tratamiento de los documentos, la performatividad de los archivos y la archivística en sí misma. “El tema del archivo lo descubrí con Maite Muñoz, que era la responsable del archivo del MACBA y, más que consultar el archivo, lo que hicimos fue consultar la manera como se construye un archivo desde la archivística, que es un término que se ha utilizado mucho en las practicas artísticas pero que, muchas veces, se mal-utiliza ya que se trata de prácticas que no se hacen desde la archivística estricta, sino que parten de otras metodologías. Maite Muñoz me enseñó como se trabajaba realmente desde la archivística. Fue muy interesante, algo que me dijo fue que los archivos están a medio camino entre una exposición y una biblioteca porque, el material que hay, lo puedes consultar pero no es reposicionable y exige una seguridad, una conservación…. Pero claro, si te pasas de seguridad y conservación, la gente no puede consultar el archivo y éste pierde el sentido. Todo el tiempo tienes que estar tomando decisiones. También me interesó mucho consultar los cuadros de clasificación que siguen el principio de procedencia porque realmente cada archivo es una manera distinta de pensar del propio autor. Cómo cataloga sus documentos, de una manera natural o práctica para el… es algo que te da mucho información sobre como se organiza mentalmente y también como organiza su producción. A mí a veces me interesa más la organización de los archivos que aquello que contienen”.

Una de las líneas clave de Enric Farrés en cuanto al trabajo mediante colección es Los Papeles del Siglo, proyecto que parte de la colección de papeles que realizó el mismo artista y que, con el tiempo, ha servido de material para diversos proyectos y exposiciones que se han materializado de distintas maneras. Los Papeles del Siglo pudieron verse, por ejemplo, en 2015, en la exposición “Una exposición de dibujos en EtHall” (Barcelona) –en este caso se seleccionaron los papeles que contenían dibujos y se mostraron ordenados por temas–, también bajo el nombre “Establecer un principio de procedencia” en La Casa Encendida (Madrid) dentro de la muestra Generación 2016 –para la ocasión, Farrés Duran convirtió la colección en un archivo activando toda la performatividad que ello requiere– o, también, en la muestra “Cualquier objeto excepto un papel” que tuvo lugar en Nogueras Blanchard (Hospitalet de Llobregat, Barcelona) y en la que trituró todos los papeles que conformaban Los Papeles del Siglo e hizo una pasta con ellos que terminó siendo un pisapapeles que, al mismo tiempo, se situaba sobre los libros que el propio proyecto había generado. Más allá de las reflexiones en torno a la archivística, Farrés Duran tiene la capacidad de adaptarse a multitud de formatos que “dificultan”, si es que clasificar es necesario, situar al artista bajo una disciplina concreta. “Yo creo que las prácticas artísticas siempre pasan por un momento de comunicación y que este momento de comunicación puede tomar muchas formas. Puede ser una exposición, un libro, una conferencia, un taller o lo que sea. Pero sí que es cierto que tienes que conocer muy bien las especificidades de cada uno de estos momentos de comunicación y saber jugar con ellos. La exposición, por ejemplo, tiene unas normas, es decir, la gente pasea, está de pie, controlan el tiempo que deben dedicar a cada una de las piezas y el espacio es algo fundamental; no tiene nada que ver hacer una exposición en un White cube que hacerla en una capilla y, todo ello, afecta a la comunicación. Para mí no hay jerarquía entre los formato pero sí que tienes que saber muy bien cuáles son tus recursos para comunicar de la manera más adecuada”.

Enric Farrés Duran, Establecer un principio de procedencia, 2016. (La Casa Encendida, Madrid)

Enric Farrés Duran, Cualquier objeto excepto un papel, 2016. (Nogueras Blanchard, Hospitalet de Llobregat)

 

La performatividad de los espacios y los objetos, aquello que existe entre la obra y el público y que actúa como elemento de mediación también son aspectos presentes en los proyectos de Enric. En este sentido el proyecto Un col·leccionisme heterodox. El llegat T.F. (2014) que llevó a cabo junto a Joana Llauradó en el MNAC es ejemplo de ello. “Este es uno de los primeros proyectos que llevé a cabo junto a Joana Llauradó. Se trataba de una revisión de los fondos del MNAC en la que entraban dos elementos en juego: por un lado la mediación y, por el otro, el relato dentro del cual se inscriben las piezas. En cuanto a la mediación, organizamos tres visitas guiadas en las que los elementos de mediación eran acumulativos. Tu empezabas y no había nada, ni siquiera obra de arte. No había obra de arte porque había sido prestada, hecho que nos daba pie a hablar de los museos como espacios que tienen el monopolio de la experiencia estética. Es decir, tu vas al museo a ver un cosa que no está en otro lugar. Pero claro, si esta cosa no está, qué sentido tiene el museo. Partíamos de la nada, después te encontrabas una pieza, luego la pieza y la cartela; la pieza, la cartela y la hoja de sala; la pieza, la cartela, la hoja de sala y la visita guiada; así hasta que el visitante se encontraba con una audioguía colgando, una hoja de sala, un comisario que le explicaba y una persona disfrazada de época, etc.”.


Un col·leccionisme heterodox. El llegat T.F. (Vídeo de Mercedes Mangrané) 

El hecho de enfrentar al público o al visitante a un mismo proyecto que toma multitud de formas, como es el caso de Los Papeles del Siglo, o de convertir un proyecto como el del MNAC en una experiencia para el visitante demuestra que Enric le da mucha importancia a la recepción por parte del público y a su experiencia. “Para mí el público tiene muchísima importancia. Siempre que hago un proyecto pienso en cómo va a ser recibido. La gente llegará ahí y qué pasara, qué encontrarán, qué no encontrarán, con qué información podrán contar. Qué les enseño, qué no les enseño, hasta dónde tienen que llegar por ellos mismos, qué está abierto a interpretación y qué no… Cuando hago conferencias, por ejemplo, puedo controlar muy bien la atención del público. Que la gente te dedique su atención es algo muy valioso que merece la pena controlar. Se ve muy claro, por ejemplo, cuando pongos diapositivas en blanco porque, claro, ellos están viendo unas imágenes sobre las que yo estoy hablando y, entonces, cuando pongo una diapositiva en blanco, ya no miran las imágenes y me miran a mí”.

Por otro lado, proyectos como El viatge frustrat o París no se acaba nunca remiten directamente a escritores como Josep Pla o Enrique Vila Matas, autores, ambos, en los que el juego entre la ficción y la veracidad son aspectos fundamentales. Le pregunto a Enric por qué razón son tan importantes para él. “Yo casi siempre me documento leyendo y, sobre todo, leyendo ficción. Josep Pla y Enrique Vila Matas me interesan por la relación que tienen con su propia creación literaria. Ellos como sujetos. Esta primera persona que nunca sabes bien si lo que te está contando está sucediendo de verdad o es pura ficción literaria. En el caso de Josep Pla es brutal porque su obra completa, que son unos 30 volúmenes… él no escribía novelas que empiezan y terminan sino que tiene un texto de trabajo enorme y va reconfigurando todas sus notas para organizar los distintos volúmenes según el mercado o según lo que le interesa. Lo que hace es añadir o quitar cosas a un cuerpo de texto que él ya tiene escrito. En “El viatge frustrat”, por ejemplo, él escribe a modo de dietario y lo publica en la década de los 60 pero, en realidad, es un dietario del año 18. Claro, él, lo que hace muy bien, igual que Enrique Vila Matas, es este efecto de sinceridad que sucede cuando, por ejemplo, especifica fechas y lugares concretos o realiza descripciones con mucha precisión. Además, nunca dice que se trata de ficción. Esto es algo que Enrique Vila Matas también comenta mucho. Cuando a él le dicen, por ejemplo: ‘¿a que no sabes qué he soñado hoy?’ y luego le explican el sueño, él ya ha perdido todo el interés porque lo que le interesa es que se lo expliquen directamente y que no le digan que se trata de un sueño. Porque, entre otras cosas, es entonces cuando la gente está más atenta”.

La ficción de estos autores o, por lo menos, esta apariencia de verdad, también puede rastrearse en los proyectos de Enric. Un ejemplo de ello es cuando muestra Los Papeles del Siglo bajo la forma de archivo en La Casa Encendida modificando el valor del material original y haciendo creer al visitante que se halla ante un documento que requiere un cuidado especial. Le pregunto a Enric en qué medida la ficción es importante para él y hasta qué punto ser una figura enunciadora, una figura de autoridad, es lo que le permite iniciar este juego. “La ficción está en todas partes. Cuando hago conferencias digo muchas cosas que nunca sucedieron y que mezclo con cosas que sí sucedieron y, entonces, compruebo, por las caras de la gente y por las preguntas que me hacen, que ellos realmente piensan que todo lo que he explicado es en primera persona y es sincero. Para esto tengo muchos trucos. Por ejemplo, no acordarme demasiado, en plan ‘creo recordar que…’ o ir combinando cosas muy imprecisas con otras súper-precisas. Sí que creo que hay esta figura de enunciación y esto es algo que enlaza con el tema del público que comentábamos antes. Es importante tener siempre en cuenta desde dónde se te está observando, es decir, qué información tiene la gente que viene. Cuando van a ver una conferencia o cuando leen un libro, si es verdad o es mentira aquello que se explica es lo de menos porque, al final, hablar desde la primera persona lo que te ofrece es jugar con el régimen de atención”.


Presentación de París no se acaba nunca. Districte cinquè junto a Enrique Vila Matas. (Vídeo de Mercedes Mangrané)

En relación con la ficción y tomando el título prestado de un libro de Enrique Vila Matas se encuentra el proyecto “París no se acaba nunca”, un trabajo en tres capítulos en el que también puede hallarse cierta crítica o voluntad de encontrar los límites institucionales. “Todos mis proyectos están formados por muchas capas pero, casi siempre, hay una capa que consiste en encontrar los límites del lugar que me acoge. Y a veces esto está relacionado con la crítica institucional. Tampoco se trata de criticar sino más bien de una cuestión de límites. Ahora mismo, por ejemplo, tengo una pieza en una exposición colectiva en Fabra i Coats. La pieza se llama “Refregar-se amb un mort per fer-se invisible”. Más que una pieza es una exposición para perros en la que sólo he utilizado elementos que pueden percibir los perros. Con lo cual, cuando vas, como humano, no ves nada. Lo interesante, además, es que a la exposición ni siquiera pueden entrar perros. Salvo dos excepciones: los perros para ciegos y los perros policía. Los perros trabajadores, por decirlo de alguna manera. En relación a “París no se acaba nunca”, cada parte trata un tema distinto. El primero era en Poble Nou y consistía en relacionar Can Framis, la sede de la Fundació Vila Casas y Can Felipa. Para fusionar o poner en relación estos dos lugares que son aparentemente tan distintos, el primero es una fundación privada que organiza su colección de una manera clásica y, el segundo, un centro cívico que organiza su programación con un concurso público había que señalar los elementos en común: la historia del barrio, de los edificios, la propias iniciales: CF, etc. Lo que yo hice fue hablar siempre de CF de manera que, el lector, no sabía de cuál de los centros estaba hablando. La propuesta consistía en coger los proyectos de comisariado que se habían presentado a la convocatoria de Can Felipa y completar los discursos con obras de la colección que se ubica en Can Framis. Luego hacía una visita en los dos espacios explicando las piezas que formaban parte de cada proyecto. Algo muy interesante era ver como en ambos sitios se usa el mismo lenguaje pero con una intención absolutamente distinta. La segunda parte del proyecto tuvo lugar en El Prat de Llobregat y el tercero fue “Paris no se acaba nunca. Districte cinquè” que tuvo lugar en el contexto de una exposición en el MACBA que se llamaba Realitat invocable. Este último se trataba de una vuelta al origen en todos los sentidos y consistía en hacer una relación entre la Escola Massana, la Facultad de Filosofía de la Universitat de Barcelona, Ramón y Cajal y otras cosas. Cada uno de los capítulos se materializó en un libro que estaba maquetado como si fuese de Anagrama. El último de ellos, “París no se acaba nunca. Districte cinquè”, lo presenté junto a Enrique Vila Matas. Lo que sucedió fue que, al ver el título de mis proyectos, me invitaron a un simposio de literatura sobre Vila Matas y, claro, yo dije que tampoco sabía demasiado sobre su libro. Entonces conseguí que me presentaran a Vila Matas y cuando nos conocimos le pregunté consejos para presentar un libro (yo tenía entonces que presentar “París no se acaba nunca. Districte cinquè”). El me dijo que era muy sencillo, que era un acto sobre todo para los medios y que invitara a alguien inteligente para que me hiciese preguntas. En ese momento le pedí que fuese él la persona invitada y él me puso la condición de que hiciésemos ver que el libro era suyo. Y yo pensé ‘perfecto, porque sé perfectamente qué preguntarle porque el libro es mío’. Pero claro, el público vino y en la mesa había un libro con un título de una novela de Enrique Vila Matas pero con un autor que era Enric Farrés Duran. La gente al final no sabía de quién era el libro y también pensaban que venían a una presentación de un libro que hablaba de París. Fue muy interesante generar esa situación. Yo estaba muy tranquilo porque sabía de qué estaba hablando y Vila Matas se lo pasó muy bien hablando de un libro que no era suyo. Y claro, igual que hemos comentado antes con el tema de la conferencia, cuando tu estás presentando un libro la gente se cree lo que estás diciendo. Tenían el libro delante suyo, con Enric Farrés Duran como autor y yo llegaba ahí y decía “Hola, hoy hemos venido a presentar un libro de Enrique Vila Matas” y era obvio que no era suyo pero la situación hacía pensar que podía serlo”.

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