El mágico mundo de las relaciones personales según Conxita Herrero

miércoles, 1 febrero, 2017

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En las diecisiete historias que componen “Gran bola de helado” (Apa Apa cómics, 2016) Conxita Herrero (Barcelona, 1993) debuta en un formato libro con un vibrante caleidoscopio de escenas donde una magia imprevisible de colores nítidos y minimalismo gráfico ilumina con un estilo hilarante la incomunicación y el malentendido cotidianos.

En “Gran bola de helado” se manifiesta una solidez de estilo que asombra en alguien que recién empieza ¿qué habías publicado antes de este libro?
Antes del libro había colaborado en algunos fanzines, pero sobre todo me había autoeditado. Cuando descubrí los fanzines me pareció un formato perfecto y se convirtió en una de mis maneras favoritas de comunicarme, porque hacer fanzines y autogestionarse (maquetar, invertir, imprimir, distribuir, autocensurarse -o no-) significa tener libertad total de hacer y decir lo que a una le apetezca, y eso, aunque a veces genere algunos inconvenientes, resulta fabuloso: el hecho de tener que apañarse en casi todo tiene una vertiente súper política que me encanta.

¿Cuáles son los fanzines? ¿Dónde se pueden conseguir?
Fanzines había un montón; pero hace tiempo que agoté existencias de casi todos, y la manera de conseguirlos, como a mi dejarlos en tiendas se me da fatal, es escribirme directamente a mí: scapasqu@hotmail.com.

¿Cómo se despertó tu vocación por el mundo del cómic?
En realidad a mí nunca me había interesado especialmente el mundo del cómic; lo asociaba a cosas rancias de chicos y superhéroes y por eso no me interesaba para nada. La historia corta de lo que sucedió es que descubrí que había chicas haciendo cómic y que no eran cosas horribles, se me despertó la opción de que quizás ese lenguaje no era tan poco interesante como a mi me había parecido en un primer momento y que quizás yo también podía usarlo, empecé a investigar, me flipó y me lié.

Si empezaste cuando descubriste que había chicas haciendo cómics, y te identificaste con sus historias es porque ¿las chicas cuentan otras cosas o de modos diferentes?
No es exactamente que me identificara con ellas; es que gracias a que yo me enteré de que había chicas haciendo cómics se me despertó a mí la opción de que, siendo yo una chica, podía hacerlo también. El problema era que lo asociaba a chicos, es una mierda pero funcionamos un poco así. Es como cuando le preguntas a gente pequeña que qué quieren ser de mayores y los niños dicen “guitarrista” y las niñas “profe”: es una alarmante cuestión de referencias. Evidentemente creo que cualquiera, con independencia del género, puede contar cosas interesantes, igual que creo que puede haber futbolistas chicas igual de buenas que futbolistas chicos.

¿Quiénes te inspiraron? ¿Cuáles son tus referencias nacionales e internacionales?
En un primer momento a la primera que descubrí fue a Mireia Pérez con su primer libro “La Muchacha Salvaje”. Recuerdo que lo leí entero en una especie de biblioteca que habilitaron en Panóptica, una exposición retrospectiva de Max (Francesc Capdevila) que se hizo en Madrid en 2012. Pero antes de eso yo ya había investigado un poco y me gustaba mucho un grupo de dibujantes buenísimos de Barcelona que montaban un fanzine que se llama La Cultura del Duodeno entre los que se encontraban Néstor F, Marc Torices, Pau Anglada y Alexis Nolla (este último me gustaba y me sigue gustando especialmente; lo considero uno de los mejores dibujantes del mundo; no es una frase hecha, lo creo realmente). Estos fueron los primeros; a partir de eso el campo de referentes se fue ampliando y fui descubriendo a otra gente que me flipó y me sigue flipando: Olga Capdevila, Inés Sanchez y Ane Zaldíbar, Andrea Ganuza, Cristina Daura, Nacho García, Amarillo Indio, Javier Lozano, Felipe Almendros… La lista es infinita. Éstos, por ejemplo, son todos cercanos y los considero descomunales, de verdad creo que son talentosísimos y están haciendo cosas muy a la altura de las circunstancias. De internacionales voy (entre otro montón) con Gabrielle Bell, David Shrigley, Joost Swarte, Olivier Schrauwen, y Bendik Kalterborn hasta la muerte.

En tu trabajo se notan ciertos rasgos que de alguna forma te hermanan con otros referentes del cómic actual en Barcelona ¿te sientes parte de una escena?
Esta pregunta es un poco rara, como un poco del impresionismo o algo así, pero de algún modo sí me siento parte de una escena; porque me parece evidente que existe una plana de gente haciendo cosas en cómic que además considero de una calidad altísima de la que yo sin duda bebo, porque me sorprende y me estimula, y a la vez en la que yo participo más o menos aportando lo que se me va ocurriendo. Supongo que si hay algo parecido a sentirse parte de una escena es más o menos eso. La respuesta final es “sí” y “perdón por la complejidad de mi respuesta en frases subordinadas y complementos circunstanciales”.

¿De qué escena, en concreto, te sientes parte?
A ver como lo digo… Es que me siento parte de varias cosas; con los fanzines me siento dentro de una especie de escena independiente de autogestión de cosas; es que es muy inclasificable, y además se mezcla con la autoedición sonora, la autoedición de objetos… (Apa Apa, Fulgencio Pimentel), Dehavilland, Fosfatina… y de tiendas, además de Sandwich Mixto en Madrid sólo se me ocurre la Fatbottom). Es raro de explicar, creo que tiene que ver -y no quisiera quedar como una flipada- con otra manera de valorar y entender el funcionamiento del mundo, prestar atención a los detalles y a las cosas que pasan desapercibidas.

Me encanta esa comedia costumbrista- paranormal con que abordas la rutina (por ej que un personaje haga hervir agua con la mente o se acuesta, literalmente, con un fantasma) ¿Cuáles son tus referencias humorísticas? (no sólo dentro del mundo del cómic)
Esto es algo complicado, porque a mí las personas que más me hacen reír en todo el mundo son mi hermano -que es un genio-, mi madre y mi abuela. Mi padre también es muy divertido, sobre todo cuando se pone las gafas, lo combina con un gesto serio, y me dice “Conxita deberías prestar más atención a las cosas”. Yo cuando me dice eso me rallo en la misma proporción que me da risa, o sea muchísimo. Los chistes de mi tío Carlos y mi primo Hugo -tienen un don- también son un primor. A parte de eso, y de mis colegas, y por ser más universal citaré a Pepe Rubianes, que es capaz de decir tantos tacos por minuto que exploto; y a J. D. Salinger en “El guardián entre el centeno”: es tan divertido que me muero.

En tus historias hay mucho de observación atenta de cierto desencanto, abulia en las relaciones personales ¿cuánto hay de autobiográfico y de ficción en “Gran bola de helado”?
Juro que todo lo que hay en el “Gran bola de helado” es verdad, incluído lo del fantasma, si estoy loca que vengan y me ingresen, fumando espero.

¿Cuáles son tus futuros proyectos?
Se me dan bastante mal los planes a largo plazo, no los entiendo y me ponen nerviosísima, y yo considero demasiado a largo plazo casi todo. Ahora estoy metida en una espiral de hacer canciones con mi hermano Fermín; tenemos un proyecto musical que se llama Tronco con el que esperamos pasarlo muy bien; tenemos algunos conciertos pronto y os invitamos a venir a vernos. También con mi amiga María el Problema estamos detrás de que Garikoiz, que es el jefe de una editorial buenísima que se llama Belleza Infinita nos edite un poemario, eso sería increíble. Pienso eventualmente en dibujar algunas movidas y quizás esta noche me haga una tortilla francesa.

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