De los bosques a la Gelatina dura del MACBA con Bárbara Sánchez

Viernes, 9 Diciembre, 2016

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Bárbara Sánchez

El 9 de noviembre me desperté con la noticia de que Donald Trump había sido elegido presidente de los Estados Unidos. La sensación de fin del mundo y apocalipsis puede darse por desbocada. Aquella misma mañana había quedado con Bárbara Sánchez, que volvía de estar una temporada en el bosque, a ver la exposición “Gelatina Dura” en el MACBA. “La conclusión es: huyamos todos al bosque” comenta antes de entrar a ver la expo. Ya lo decía Žižek en un vídeo que circulaba unos días antes de las elecciones: es peligroso, pero el fenómeno Trump puede hacer reventar todo y así volver a lo más básico para empezar prácticamente de nuevo.

La elección de la exposición “Gelatina Dura” por parte de Bárbara Sánchez y el interés por incidir en la cuestión política tiene que ver con lo que también tiene de político un gesto como es el de ir a vivir a una comunidad en el bosque. Esto fue lo que hizo hace un año, cuando se instaló en el bosque de Dean, en el suroeste de Inglaterra tocando a Gales. A partir de esto, pudimos charlar con Bárbara Sánchez en la exposición del MACBA desde la búsqueda de los orígenes y la memoria hasta la necesidad de resistir al consumismo desenfrenado y las ciudades-simulacro fruto del turismo, y de lo que Barcelona no ha podido escapar.

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Izquierda: “Sin ir más lejos”, Rogelio López Cuenca, 1991. Derecha: “Cartas desde el bosque”, Bárbara Sánchez, 2016

La exposición “Gelatina dura. Historias escamoteadas de los 80” pretende revisar el relato hegemónico en el Estado español en el periodo que va de 1977 al 1992 y cuestionarlo desde una perspectiva contemporánea. Revisando acontecimientos históricos, sociales, político y económicos, los trabajos que se exponen visibilizan historias desatendidas y pone en tela de juicio la narrativa oficial y la forma cómo se han articulado los discursos dominantes. Bárbara Sánchez, sin embargo, se muestra crítica y no parece confiar demasiado de entrada en lo que nos espera empezando por la estética fanzinera que parece transmitirse a través del título. Ya la exposición “Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo” generó debate sobre la forma de exprimir el movimiento punk por parte de instituciones. “En cualquier caso llega tarde”, sostiene Bárbara Sánchez, ya que llevamos mucho tiempo ya escuchando hablar sobre el engaño que supuso la transición de finales de los 70.

El oxímoron “gelatina dura” del poeta Eduardo Haro Ibars juega con la idea de gelatina, algo blando e insípido, con la cualidad de la dureza, generando la imagen de algo que no existe, algo que es opuesto a su cualidad, pero que explicita cómo se pretendieron vender aquellos años ochenta. Este relato oficial de la transición en España priorizó la necesidad sobre la razón y la mirada hacia el futuro antes que el análisis del pasado reciente, dejando de lado cualquier consideración crítica del poder franquista que en principio se dejaba atrás. La cultura se convierte así en instrumento de promoción de un país que ha superado una dictadura y se ha convertido en democrático y cosmopolita.

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Izquierda. “143.353 (los ojos no quieren estar siempre cerrados)”, Marcelo Expósito, 2010. Derecha “(Apuntes para) historia de una ausencia”, Bárbara Sánchez, 2013

Esta desmemoria o falta de voluntad de recordar un pasado incómodo es un tema común en los proyectos de Bárbara Sánchez. En “(Apuntes para) historia de una ausencia (2013)”, se recorre un viaje a través de África para documentar el sueño y recuperar la memoria de la atleta somalí Samia Yusuf Omar. A través de cartas, fotografías, mapas y otros testimonios Bárbara Sánchez hace un recorrido de la historia de Samia que quedó oculta tras la competición de los Juegos Olímpicos de Pekín. Así en la exposición “Gelatina dura” se incide en la memoria olvidada y la omisión del pasado reciente en el imaginario colectivo. En esta línea, 143.353 (los ojos no quieren estar siempre cerrados) de Marcelo Expósito, contrapone las nociones de modernidad y colonialismo en el imaginario español a partir de la exhumación en las fosas de la memoria histórica.

Hablamos precisamente de este olvido y silencio de la guerra civil con Bárbara Sánchez y cómo estando en el bosque se emocionó un día que en una cabaña escuchó cantar canciones de la resistencia de las brigadas internacionales. El silencio del olvido es muy diferente al silencio del bosque. El silencio de la desmemoria y la omisión implica una violencia: a base de callar lo que se ha sufrido durante una guerra y una dictadura parece que eso deje de haber existido, como plantea Francesc Abad en El Camp de la Bota. El silencio del bosque es un silencio por la falta de estímulos exteriores y permite una mayor concentración, según Bárbara Sánchez, poder estar sola con una misma.

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Izquierda: “El Camp de la Bota”, Francesc Abad, 2014.  Derecha: “Cartas desde el bosque”, Bárbara Sánchez, 2016

Este silencio que ofrece el bosque es el silencio del mostrarse, como decía John Fowles, el secreto del bosque consiste en ser, no en decir. Sin embargo Bárbara Sánchez también se pregunta si este volver al bosque no es una romantización, siguiendo la estela de Henry David Thoreau. “Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, y dejar a un lado todo lo que no fuese vida, para no descubrir, en el momento de mi muerte, que no había vivido”. Esta búsqueda del origen, que enlaza con el edén de Whitman, cuyos poemas ella ha leído con detenimiento, en cierto modo es algo que nos une como comunidad. Bárbara retoma unas palabras de Kate Tempest del concierto del día anterior: “And we’re just sparks, tiny parts of a bigger constellation / We’re miniscule molecules that make up one body”.

Esta idea de comunidad parece que se hace imposible en las ciudades de hoy en día. En una Barcelona salvaje y turistizada es casi imposible encontrar esa tranquilidad del bosque. Pero aun sintiéndonos atraídos por la actividad, parece que la ciudad ha quedado en simulacro, apunta Bárbara Sánchez. En uno de sus proyectos, “La ciudad salvaje: tour por la auténtica Barcelona oculta” (2014) trata de romper con los itinerarios oficiales ofreciendo una ruta alternativa, intentando dar voz a otras facetas de invisibilizadas de la ciudad de forma irónica de la mano de un inmigrante ilegal africano.

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Izquierda. “Derribos de la Vila Olímplica”, Colita, 1986. Derecha. “La ciudad salvaje”, Bárbara Sánchez, 2014

En el bosque, explica Bárbara Sánchez, se tiene una experiencia muy particular del tiempo. Todo este ritmo frenético de la actividad, del consumo, del tener que responder al exceso de estímulos se resiste con esta ida al bosque y en ese sentido se convierte en un gesto político radical. Bárbara señala la carga política de los gestos que pueden pasar más desapercibidos como es llevar una dieta que no incluya carne, comprar en un sitio u otro, entrar o no en una cadena de cafés mundialmente conocida, etc. Esto está presente en la obra de Bárbara Sánchez desde Acciones en el bosque (2012-2015), a partir de las cuales se incide en la relación entre el ser humano y la naturaleza así como la posibilidad de un futuro distópico como el de Fahrenheit 451 en el que se escapaba del control precisamente al bosque.

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Izquierda. “Cartas desde el bosque”, Bárbara Sánchez, 2016. Derecha: “Acciones en el bosque #05: Bailar en los bosques”, Bárbara Sánchez, 2015

Es quizá por este desengaño hacia la ciudad y la política, que se viene arrastrando desde hace tanto tiempo y a la que la transición no ha dado ni de lejos una respuesta satisfactoria, que Bárbara toma una frase de Mark Twain: “Truth is stranger than fiction, but it is because fiction is obliged to stick to possibilities; truth isn’t”.

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