CONTINUARÁ: UN RELATO POR ENTREGAS (3)

jueves, 7 octubre, 2010

Por

 

laurafernandez

LA CALLE DE LOS TIRANOS (3)

Descrita por Brock Vondeau, el crítico más prestigioso de Marsella (también conocido como Bigote Rosa por su afición a los batidos de fresa), como “la última chifladura de la escritora chiflada”, Compre Planeta Zapato, la última novela de Lauren Wilcox, se había mantenido durante dos semanas en las listas de los más vendidos de los grandes almacenes en los que trabajaba Didier Rabonnière, una de las víctimas de la matanza. Rabonnière, que, desde que se había tatuado aquel maldito dinosaurio comegalletas en el pecho no había vuelto a la piscina, murió el mismo día en que el temido Calígula perdió la mitad de su oreja derecha. ¿Y qué llevaba encima cuando eso ocurrió? Una novela. ¿Y de qué novela se trataba? Se trataba de una edición autografiada por la mismísima Lauren Wilcox de Compre Planeta Zapato. ¿Y qué quería eso decir? En primer lugar, que Rabonnière había contribuido a colocar Compre Planeta Zapato entre los libros más vendidos de Timequake, los grandes almacenes en los que trabajaba, y en segundo lugar, que Rabonnière, con su flequillo rubio y su sonrisa estúpida, había conocido a Lauren Wilcox, la escritora chiflada. ¿Y qué tenía eso de raro? Muy sencillo. Lauren Wilcox había estado casada con Calígula antes de que el disparo de mi tío le volara media oreja. Oh, oh, me digo. Y luego imagino la siguiente escena. Ocurre en la zapatería de Timequake. Lauren Wilcox, una despampanante rubia con la autoestima de un hongo ganimediano, se acerca a Didier Rabonnière, el inofensivo, rubio y musculoso dependiente, y le pregunta la hora, porque así es como Lauren Wilcox se enfrenta a la siempre complicada tarea de comprarse unos zapatos. Y Rabonnière responde:
-¿La conozco?
Y Lauren Wilcox contesta:
-Leí hasta tarde anoche.
A lo que Rabonnière, su ceño rubio fruncido, los músculos en tensión, suelta:
-¿Cómo?
-Deme unas botas. Del treinta y nueve.
-¿Qué clase de botas?
-Unas – Llegados a este punto, Lauren sonríe y, por supuesto, Rabonnière toma su sonrisa como una invitación. Invitación que confirma lo que añade a continuación la escritora – Las que tú digas.
Trato de evitar imaginarme la escena siguiente, el dependiente rubio y musculoso montando a la despampanante rubia que, sí, lleva las botas que él quiere, y es lo único que lleva puesto, porque soy demasiado supersticioso y creo que detenerme más de la cuenta en una hipótesis que podría haberse llevado a la tumba a un dependiente de Timequake, rubio y estúpido, sí, pero un honrado contribuyente al fin y al cabo, bien podría valerme a mí también un billete de ida al Otro Mundo.
Así que lo que hago es anotar el nombre de Wilcox en mi libreta y levantar el auricular del teléfono de mi despacho para llamar a comisaría. Si lo que quiero es averiguar qué tipo de relación había entre la escritora y Rabonnière tengo que saber qué tipo de dedicatoria había estampado Wilcox en el ejemplar del dependiente.
Hablo con Raymonde, que primero quiere saber si voy a volver a participar en El Matrimonio Ganador, el estúpido concurso al que me arrastró Vivian, y luego me dice que me prepare.
-Prepárate porque esto es fuerte – dice.
Y yo me preparo.

TO BE CONTINUED

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