Ciencia, religión, mitología y ficción especulativa: Regina de Miguel

Miércoles, 21 Diciembre, 2016

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Foto: Centre d’Arts Santa Mònica

Con una gran capacidad para interpelar desde el arte a nuestras frágiles certidumbres apuntaladas por los mitos del progreso y la tecnología, en la trayectoria de Regina de Miguel, recientemente nominada para el Berlín Art Prize 2016, confluyen ciencia, religión, mitología y ficción especulativa de una manera tan sugestiva que nos hace sentir astronautas en nuestro propio planeta. Así que nos pusimos el traje aislante, el casco y cerramos la cámara de despresurización para abandonarnos en la intemperie del espacio sideral de su imaginario artístico-cognitivo para hablar de su expo “Aura Nera” que puede verse en el Arts Santa Mònica. 

Me encanta tu imaginario visual y sensorial que investiga las fronteras entre naturaleza, cultura y nuestra endeble relación con la ciencia y el progresso. ¿Cuál es el origen de Aura Nera? ¿Cuál fue la idea, intuición que encendió el proyecto?
Aura Nera recrea una atmósfera inspirada en laboratorios de cultivos artificiales o in vitro, un escenario despoblado de principios biológicos y formas de vidas susceptibles de ser controladas. Algunos de los elementos formales que entran en juego, recrean aspectos y referentes reconocibles en laboratorios, bancos de semillas y entornos controlados de cultivo artificial (in vitro) de organismos vivos, almacenes de muestras geológicas y colecciones de herbarios que visité en contextos como el Centro de Astrobiología asociado a la NASA en Madrid, los laboratorios de cultivo in vitro de especies amenazadas del Jardín Botánico de Sao Paulo, el Instituto de Vulcanología de la Universidad de Barcelona, el Museo de Ciencias Naturales de Santiago de Chile y el Banco de Semillas de la ciudad de Vicuña, también en Chile. En lugar de los tradicionales receptáculos transparentes ordenados sobre las clásicas estanterías metálicas, encontramos una colección de vidrios negros: petris, matraces, tubos de ensayos… objetos que contravienen las lógicas funcionales y utilitarias acostumbradas. También vidrios negros como la obsidiana que en sus formas generadas por la naturaleza y a través de sus aplicaciones materiales, posee un carácter de objeto conector de mundos, de pantalla mágica o interfaz entre diversas realidades que hoy podemos asemejar a las superficies pulidas de nuestros actuales instrumentos tecnológicos. Los espejos negros contemporáneos poseen las lógicas del “materialismo oscuro”, de la materia en los umbrales de su propio aniquilamiento y desaparición (agujeros negros, materia y energía oscura…): dejan pensar al vacío, demandan realineamientos especulativos. No sólo en el mundo de las ideas; nuestro conocimiento (no más del 4% de toda la materia que conocemos, incluidos nosotros, son átomos y el resto materia y energía oscura) sobre estos objetos nos apela a establecer nuevas asociaciones, ensamblajes y relaciones materiales.
El espejo de obsidiana así cumple en este proyecto una doble función alegórica. Aparece como herramienta y material telúrico que desde el pensamiento ancestral conduce al pensamiento especulativo, combinando el pasado geológico (la obsidiana es magma enfriado y solidificado, la memoria de una acción geológica violenta) con la necesidad de contemplarse en un presente de colapso ecológico e ideológico que nos interpela a pensar propositivamente el futuro.
Así, como materia repoblada, el laboratorio actúa descolonizado, disfuncional y monstruoso. Los acostumbrados y asépticos fluorescentes que simulan el ciclo del día y la noche tiemblan siguiendo las voces de un coro de presencias sublevadas que parecen cantar a través de los objetos y proponen una revisión feminista de diversos tropos de mitos fundacionales (las Harpías, Hécate, Medusa, Empusa, Perséfone, Medea,…) y representaciones de lo monstruoso o inadaptado, como una cartografía de ficción de nuestra realidad social y corporal que, antes de la existencia de los cyborgs, las prótesis de componentes no biológicos y lo técnicamente makeable, ya proponen modelos y entidades quiméricas cuestionadoras del paradigma humano.

Mitología, religión, tecnología, poesía y ciencia-ficción: las diferentes formas infructuosas en que intentamos como especie darle sentido la incertidumbre coinciden en Aura Nera: ¿Te preocupa el arte como experiencia hedonista o más bien cognitiva- epistemológica? ¿Qué aprenderemos (o no) de esta expo?
Uno de los temas que recorre el proyecto, amparado también en estos contextos que introduces, es el conflicto que nos plantea vernos reflejados, ser interpelados. Esa incertidumbre – que se estira en su máxima formulación al relacionarla con la Inteligencia Artificial – y cómo seguir formulando mitopoiesis respecto a su evolución y presencia, podemos verla claramente cruzada por ambigüedades cruciales, ya que nuestra concepción de la misma está distorsionada por una enorme falacia antropocéntrica. Las posiciones respecto a su consideración, se encuentran radicalmente divididas; algunos insisten en que la IA nunca alcanzará el nivel humano, mientras que otros llegan a la conclusión de que es inevitable. En la mayor parte de debates falta el punto crítico que argumente qué significa realmente vivir y pensar con formas de inteligencia sintética muy diferente a la nuestra. Así, tristemente, la concepción popular de la IA, al menos como es mostrada en las películas de ciencia ficción, videojuegos, libros, etc, todavía parece suponer características similares a las humanas. Lo que aquí propongo es un ejercicio de reflexión sobre esta cuestión menos narcisista, basado en algo más que buscar en la máquina nuestro propio reflejo.
Aura Nera funcionaría entonces como una tecnología de ficción que apela a la formación de nuevos modos de existencia a través de la capacidad discursiva de los objetos tecnológicos y actantes autosignificantes. La entiendo como un dispositivo que puede ayudar a desagrupar materiales o ensamblajes acostumbrados y nos impulsa a resignificarlos, ritualizarlos en la búsqueda de un nuevo reencantamiento. Y en ese sentido, la performance que dio inicio a la exposición actúa justamente como el momento de máxima experiencia al apelar al rito de paso colectivo.

En la obra confluyen instalación, performance, colaboración y, digamos, reciclaje de materiales de otras obras del mismo ciclo (Xarxa Zande) ¿cuáles son los pro y los contras del trabajo colaborativo?
Acostumbro a trabajar acompañada y en equipo en todos mis proyectos. De hecho, trabajar sola es algo que ya no sé hacer puesto que la puesta en marcha de conocimientos, las diversas opiniones y visiones de las personas que hacen parte constituyen un estímulo fundamental. Valoro enormemente el disenso, la interferencia que se produce en el contacto con mis colaboradores. En este caso, efectivamente, la propuesta de Oriol Fontdevila, comisario del ciclo, invitaba a tomar el relevo de elementos que otros artistas hubieran incluido en sus propuestas. Curiosamente, yo también quería retomar una propuesta anterior (Ansible, expuesta en la galería Maisterravalbuena en Madrid en abril de 2015) que incluía este tipo de estanterías metálicas que han estado presente desde la primera exposición del ciclo con Black Tulip. Así que propuse su transformación y reordenación en el espacio, trabajo que se realizó con Straddle. Aura Nera es una amplificación de un trabajo anterior; me pareció que tenía sentido dentro de Red Zande no hacer algo absolutamente novedoso y recién producido sino más bien hacer arqueología de las propias ideas y tratar de llevarlas más lejos en otro contexto. Además he continuado e intensificado mi colaboración con Lucrecia Dalt quien se ha encargado de hacer, a partir de mis textos, toda la parte sonora de la pieza y ha prestado su voz a la obra junto con la de Ania Nowak, coreógrafa y performer que volverá a Santa Mónica con un proyecto personal el próximo año comisariado por Sonia Fernández Pan. Con ellas trabajé todo el verano pasado en Berlín ensayando posibilidades para la pieza sonora y la performance y es precisamente esa interlocución cotidiana la que me permitió avanzar y concebir el trabajo no únicamente desde la visión subjetiva y acostumbrada del autor.
Respecto a los pros o contras de trabajar en procesos de colaboración, no concibo el trabajo artístico en términos de absoluta originalidad y además creo que, como decía la extraordinaria bióloga Lynn Margulis, la independencia es una cosa que sencillamente no existe como tal en la naturaleza. Ningún cambio ni revolución es posible trabajando o viviendo atomizados. 
La expo cuenta además de obras derivadas como un juego de rol (dinamizado por el escritor Víctor García Tur), o la contracubierta de una novela apócrifa (Aura Nera de Regina de Le Guim) en el texto de presentación de la obra. ¿Qué es lo innovador de esos proyectos rizomáticos, que se expanden de manera imprevisible? ¿Existen más obras derivadas en proceso de Aura Nera?
Estas iniciativas de Victor García Tur me parecen fantásticas. Precisamente, lo que tiene todo sentido es que unas ideas sirvan para poner en marcha otras. Así funciona el pensamiento crítico e imaginativo cuando es capaz de liberarse de las condiciones de producción preeminentes y proyectarse a partir de contextos que lo propician y fomentan. No sé si existen más procesos en marcha a partir de Aura Nera. Por mi parte mis proyectos suelen estar conectados entre ellos de una manera u otra mediante conexiones evidentes, algunas de carácter más subterráneo y también, eso me temo, por algunas que sólo yo alcanzo a entender pero que me alumbran en mi papel de enlazadora de mundos.
Actualmente vives en Berlín pero tienes varios proyectos y colaboraciones actualmente con artistas de Barcelona ¿Cuál es tu relación actual con la ciudad?
Barcelona es una ciudad que me ha permitido experimentar con total libertad y que, pese a la gran calidad y talento de sus artistas y agentes culturales, entre los que tengo admirados compañeros y muy buenos amigos, siempre me ha acogido de forma atenta a la par que crítica, cosa que siempre he valorado. Precisamente por ello, es un gran reto trabajar aquí.

Además de Oriol Fontdevila y Sonia Fernández Pan con qué otros comisarios, investigadores, artistas has colaborado en Barcelona (lo siento por el enfásis en esto, como sabrás es una revista sobre la ciudad)?

Mi primer contacto profesional con Barcelona fue a través de una exposición en Can Felipa y posteriormente por varias colaboraciones y un periodo de residencia en Hangar. En este espacio y gracias a la confianza de Clara Piazuelo, inicié varios de mis proyectos de pedagogía experimental (Future Timeline, ¿Es el Universo una simulación? este último con Pep Vidal y Martín Llavaneras) a los que han asistido muchos de los artistas o productores culturales de la ciudad. También en el contexto de BCN producció en La Capella, colaboramos con la librería La Caníbal,  Jesús Arpal y Sonia Fernández Pan haciendo un taller de futurologías críticas y anteriormente estuve en Fabra i Coats con Tere Solar gracias a la invitación de David Armengol y Marti Manén. Pero al margen de los espacios institucionales o colaboraciones más o menos formalizadas lo más importante en todo caso es la red de conocimiento e interés que entiendo en Barcelona es recíproco y en aumento.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Actualmente me encuentro trabajando en el guión y el montaje de mi próxima película; un material que grabé el pasado invierno en Isla Decepción, Antártida donde estuve viviendo en una base científica con el objeto de conocer a fondo el contexto para escribir esta historia. También estoy mostrando en distintos contextos el film desarrollado en Chile “Una Historia nunca contada desde abajo” ​ ​y desarrollando una investigación sobre los procesos traumáticos derivados de la violencia política del siglo XX en el Estado Español.

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