Barna Bitches: “Lo nuestro es desahogo”

jueves, 7 julio, 2016

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Barna Bitches. Fotos: Cati Bestard

Uno de los grandes fenómenos culturales de los últimos años ha sido la renovación de las músicas urbanas. En un panorama otrora dominado por el hip-hop, las corrientes de músicas de guitarras, el mestizaje o los géneros electrónicos clásicos -techno, house etc.- , han eclosionado proyectos que beben del trap, de la llamada EDM y de géneros latinos como el reggaetón y la cumbia que están propiciando un cambio de paisaje, en ocasiones una actualización 2.0, en otras una auténtica renovación, tanto en el mainstream como en subcorrientes más alternativas.

La primera vez que vi al joven dúo Barna Bitches fue en una de las fiestas previas del recientemente celebrado Ladyfest, el festival autogestionado, transfeminista y anticapitalista que ha pasado como una revolucionaria estrella fugaz en el panorama cultural barcelonés. Después de perderme los primeros quince minutos de su set, la hora generosa que vi fue un bim bam bum de atmósferas tensas, arpegios, sirenas y hi-hats deslizándose entre bombos con bajo. Aunque ya esperaba que me fueran a gustar, la pareja desplegó su repertorio con una potencia e intensidad todavía no recogida en sus grabaciones. El entorno ayudaba al clima embriagador, con un núcleo duro de una veintena de ladyfesters dándolo todo, incluso pogueando, y una sala entera, ilustrísima alcadesa Colau incluida, observándolas receptiva. Al poco, me reúno con ellas en La Barceloneta, su barrio de residencia, para que me hablen acerca del grupo en una terraza que bombea radiofórmula a porrón.

Han pasado seis meses desde este encuentro e imagino que esperaba que Barna Bitches fueran hoy más conocidas de lo que realmente son. Su propuesta, una túrmix de diferentes géneros de capucha, se desmarca un tanto de las líneas más caudalosas de las corrientes hegemónicas urbanas, el reggaetón y el trap, aportando oscura ensoñación melancólica y sicodélica. Alejadas del brilli brilli del bling y el marcar terreno, abocan descarnadas letras que van más allá del angst hasta dar con los huesos. Sin embargo, aunque desde hace unos meses día sí día también muchos medios nos descubren las nuevas promesas del trap y de las músicas urbanas, parece que nunca llega la hora para Barna Bitches. En una escena en la que varios de los participantes cuentan sus vídeos con decenas y centenares de K’s, las cifras del grupo se mantienen relativamente modestas para los estándares, alrededor de unos pocos k’s. Esta noche, en cambio, compartirán cartel con la conocida Arianna Puello en la Sala Plataforma.

MUSICALIDAD Y LETRAS: ORÍGENES

Barna Bitches empezaron porque Niña Marmota y Reddie son pareja. La primera rapeaba desde los 13 años y animó a la segunda. Así, a principios de 2013 tenía un concierto en Sitges, necesitaba una corista y se lo pidió a Reddie, quien previamente solo lanzaba las bases. A raíz de eso, en los siguientes conciertos empezó a ir ella. “Todo el mundo decía que nos compenetramos más,” explica Niña Marmota. Inicialmente, cuenta Reddie, la reforzaba en aquellos momentos en los “que pierdes el aire y necesitas que alguien te haga una palabra para poder seguir”. Pero poco a poco fue introduciendo más y más temas suyos hasta adquirir su propio espacio.

Una de las particularidades del grupo es su sonido, de naturaleza bastarda, incorporando bases que juegan con elementos de dream pop, EDM, grime, bass music o trap. Mismamente, los perfiles y recorridos de ambas son muy diferentes. Marmota es quien tiene un currículum más clásico de introducción en el hip-hop: empezó a escuchar rap hacía 2005 o 2006 por influencia de su hermana, quien era fan acérrima de la máquina pero también de Violadores del Verso, y dos años más tarde ya rapeaba, grabándose con el micro del videojuego para Playstation Singstar. Poco después empezó a grabar sus primeras maquetas: “Ya no están en ningún lado. Es esa edad drama en la que tienes mucho que decir y escribía a punta pala, eran bases y pianos en loop. Tenía también cosas de Dancehall”.

El bagaje de Reddie es diametralmente opuesto. De una adolescencia punk escuchando a Eskorbuto, Kortatu o Black Flag pasó al electro más sucio de Modeselektor o Tiga. Justamente, aunque escuchaba cosas de hip-hop yanki, entró en el rap gracias a su partenaire. “Primero por C.Tangana y luego Erik Urano. Soy de electrónica pura de toda la vida. Descubrí el rap con un underground mucho más evolucionado y electrónico.” El resultado le atraía más que los que conocía de aquí, como Violadores del Verso, Nach o SFDK, que para ella contenían demasiada letra y eran “blah blah”, faltándoles musicalidad. “¿Qué diferenciaba un recital de poemas de un concierto de rap en 2002 más allá de la base?”, interroga. En cambio, Marmota tiene un perfil diferente. “Ella valora mucho más la musicalidad y yo la letra. Ahora valoro las dos cosas, pero soy mucho más de letras”, explica Marmota. La fusión de estos dos elementos y sensibilidades es una parte importante del grupo, que desde hace unos meses se refuerza en directo con el dj Not On Earth.

MOVERSE EN LA ERA DIGITAL

La postura de Reddie ejemplifica un fin de ciclo del rap tradicional entre las nuevas generaciones que arroja tensión por los circuitos y canales del hip hop, en los que no es poco habitual el desprecio mutuo entre ciertos sectores de la vieja escuela y los de la nueva escuela. “Hay un montón de grupos de Facebook de rap que de repente dicen que esto no es rap, que no tiene que estar aquí colgado. Ahora le llaman trap a todo lo que no sea un rap clásico”, explica Reddie. “Hace dos años todo era dubstep y ahora todo es trap”, dice Niña Marmota, con cierta sorna.

Su forma de moverse es más clásica dentro del ciberespacio digital. Ya desde los comienzos, Niña Marmota sacaba las bases a partir de bucear por espacios como Hip-Hop groups o de youtube y movía sus creaciones por canales especializados de hip hop como Cosas de Hermanos. El grupo reúne varios de los elementos que caracterizan la economía política del género: producciones caseras, reutilización de los recursos -muchas de sus bases son de código abierto- y una auténtica autonomía de medios propios alejados de los de masas. El procedimiento siempre ha sido muy parecido: colgar las canciones en internet, en los portales y los canales de youtube, como hicieran con el ep “Amnesia Haze” (2014) o su mix conjunto homónimo para CDH (2015). Previamente, muchas de las voces y coros las trabaja Marmota desde su casa conjunta en la Barceloneta, grabando con el programa Logic del Mac y mezclando con el ya clásico Fruity Loops Studio.

A día de hoy, aunque tienen planes de crear y conseguir bases propias, el procedimiento sigue siendo parecido. “Muchas bases no son compradas, no son nuestras”, explica Marmota, “mucha gente mientras los nombres no les importa. Pones over tal y ya. Hay webs que son de uso libre, youtube, el name your price en Bandcamp etc.” Las redes sociales son clave. “Cada mañana en el curro entro en suscripciones de youtube a ver qué hay nuevo“, explica Reddie, quien añade, “creo que ahora mismo el eje del movimiento del rap está en twitter. Lo pone fácil: das un click y ya está. Como tengas que dar dos clicks ya pierdes.”

Son las mismas redes las que las mueven y en las que han encontrado comentarios ofensivos que resumen diciendo que son prejuicios y que hay mucho odio gratuito, describiendo en ocasiones como un patio de colegio. “Se meten con el pelo, la ropa, si llevas gafas, si en el minuto no sé qué no te sabes encender ni un cigarro”, “que si yo me la follaba”, “Mira, un C.Tangana en tía”, son algunos de los comentarios que citan en paralelo a los elogios. “Antes me sentaban como el culo. Ahora ya me da igual porque en realidad es más bombo, son más repros”, ríe Marmota. Paradójicamente, como ya saben muchos medios de comunicación de masas, “hoy en día dan más repros los haters. Son un marketing de la hostia”.

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SUS LETRAS: UN POBLADO BOSQUE INTERIOR

Su estilo, sicodélico y comatoso, alejado del autotune y rico en graves, acoge unas letras que en muchos casos destilan las turbaciones interiores. “Somos más productivas cuando estamos jodidas”, reconocen. “Lo nuestro concretamente es muy de desahogo,” afirma Reddie. “Sacamos mucha chicha de nuestras discusiones”, ríen, no dudando en afirmar que son “casi unas Pimpinela del rap, aunque a veces no se note”. “Un día que llegas jodida o deprimida. Me voy a hacer un peta y a escribir algo”, explica Niña Marmota, mientras que Reddie afirma que sus malas experiencias en su trabajo atendiendo reclamaciones de clientes de aerolíneas son una gran fuente de inspiración.

Sus canciones están llenas de frases punzantes como “Cada lágrima en su cara es como una bala en mi pecho” o “No silbes tanto que no es tu perra”, de esta última Reddie cuenta que viene de que en los conciertos se acerque algún tío a intentar ligar con Marmota. “Si ya de por sí la peña viene y te dice guapa y tal, si te ve con otra tía no se piensa en ningún momento que vaya a ser tu pareja. Va más a saco y en tu cara. Y por las redes hay cosas muy así. Esa frase sí que es un poco anti violencia machista.” Otras canciones hablan abiertamente de viñetas de tensión sexual-amorosa entre ellas, mientras que algunas de Marmota incluyen letras inspiradas en escenas de violencia familiar, como en “Wasted” o ”228%” de su último ep “Nothing Was the Same.”

Son esas canciones, en las que la intimidad sin tapujos, “muchas veces la incluimos sin que se note”, y la libre interpretación se dan la vuelta, las que les confieren un poderoso, y en ocasiones inquietante, aura de autenticidad. Al final, Barna Bitches parece una liberación. “Escribo desde el subconsciente”, explica Marmota. “Es el sitio donde puedes echar la burrada más grande sin que haya mucha repercusión donde no nos interesa”, comenta Reddie. Como su nombre que afirman que viene “estilo la canción de las Vulpess”, y es que “me voy a llamar puta antes de que me lo llames tú”.

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