Ariadna Guiteras: “La performance es sostenible, solo necesitas tu cuerpo”

jueves, 3 diciembre, 2015

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Ariadna Guiteras en los alrededores del Hangar. Foto: Cati Bestard

Ariadna Guiteras en los alrededores del Hangar. Foto: Cati Bestard

¿Qué perversidades esconden las cosas superficialmente inofensivas? ¿Qué hay en los reversos de los espejos? ¿Y en los distintos lados de los diamantes? ¿Se transforma ahí Dorian Gray? Preguntas como esas parecen el motor del vehículo que impulsa las creaciones de la artista Ariadna Guiteras (Barcelona, 1986), quien, partiendo principalmente de la performance, muestra fijación hacia objetos, prácticas e ideologías que a primera vista parecen simpáticas pero que, si se miran en profundidad, descubren mecanismos de control. Quedamos en Hangar, en su taller de trabajo como artista residente del centro, para que me hable sobre batidos verdes, prendas Reebok, subjetividades, actividades extraescolares o ser artista en el Siglo XXI.

LA FUERZA DEL PODER BLANDO
“Me interesa mirar las cosas desde una distancia crítica. Hay que estar siempre un poco alerta ante aquello que parezca amable y sospechar de lo que parece bueno y blando. Me da más miedo que lo aparentemente agresivo o fuerte”, explica, acerca de una trayectoria que incluye en su punto de mira a prácticas benignizadas como el yoga, objetos como los pufs , o productos naturales o de belleza, enfrentándose a espejos de la sociedad de consumo comúnmente embellecidos por anuncios de publicidad con caras sonrientes.

“Utilizo ejemplos como los greenshakes –o batidos verdes-, el yoga o los pufs como alegoría para analizar el sistema o la estructura donde nos encontramos,” expone, fijémonos primero en este último. ¿Qué es un puf? Según el diccionario Espasa es “un asiento en forma de cilindro y acolchado que no tiene ni respaldo ni patas”, un objeto que invita a reposar perezosamente. ¿Cómo se le ocurrió hacerlo? “Pues un día ves uno en el MACBA y ni lo ves, lo ves pero no lo ves, y otro día dices ‘ay, qué pasa ahí’ y haces el link”, explica la artista, quien piensa que es “un objeto raro, casi demodé, ¿quién tiene uno? Pero vi que era blando y tenía que ver con el poder, con la biopolítica, con aquello que no es un control directo, sino indirecto, un poder ya corporizado. Y al final vas ligando, ‘calla, esto es blando y se encuentra aquí y también aquí. Me gusta especialmente porque no es un dibujo ni una performance, es un objeto. Como todo lo que se sitúa en un espacio tiene una parte performática”, explica quien vio cómo el público respetaba ritualistícamente como si fueran parte del atrezzo los que puso en una performance que hizo en el citado museo.

CHARLAS DE BATIDOS VERDES EN HIPERVÍNCULO
La última que he presenciado de Guiteras fue hace aproximadamente un mes en el Antic Teatre, donde presentó durante dos días, y en dos versiones, ‘Control, verde y natural’ y ‘Sano, verde y bello’, Greenshake Talks’. Una propuesta dinámica en la que hacía el susodicho batido a corazón abierto –manoseando, pelando, triturando y mezclando sus ingredientes-, al tiempo que azuzaba el proceso con una narrativa rica en explicaciones dispares, desde la historia de la batidora y el mortero hasta el googleo de estudios científicos extravagantísimos que relacionaban la belleza con fórmulas matemáticas como el número Phi o una explicación somera para dummies sobre los orígenes del gazpacho. Sin olvidar otras, con tinta de género, acerca de las charlas de las mujeres en la lavandería, de la elaboración del pan para la comunidad, o citas de Marcel Mauss sobre la economía del regalo o de Silvia Federici sobre los cercados comunales y la caza de brujas. En esta variedad de referencias multinivel estribaba, a mi parecer, el encanto de la performance, dado que funcionaba en distintas esferas y planos y tenía potencial para llegar a perfiles socioeconómicos, vitales y culturales muy distintos. Las conexiones se hacían con salero e incluían la lectura de algunos poemas –aunque algunos estaban en inglés-, con la interpretación de uno de ellos a cargo del grupo de no-rock Black Baltic. ¿De dónde salen esas combinaciones? ¿Cómo intentas conectar con el público? “Eran referencias esquizofrénicas (ríe) Casi nunca pienso en el público, pero hay una afección directa y no puedo hacer como que no está ahí. Puedo ver que mucha gente conecta porque hay ejemplos muy básicos como hablar del gazpacho, pero esos ya me han hecho ‘linkar’ antes a mí, no hay una voluntad de conexión. Es como un vómito, en realidad. Es como vivimos ahora, que tiene un poco de hyperlink, de he leído esto, leído lo otro…”

‘Control, verde y natural’ y ‘Sano, verde y bello’, Greenshake Talks’.

‘Control, verde y natural’ y ‘Sano, verde y bello’, Greenshake Talks’.

Mismamente, Guiteras y los batidos verdes se conocieron azarosamente por interacciones cotidianas: “Yo no había tomado, pero sí que empezaba a ver en mi entorno eso de ‘tías, me he hecho esto y es super rico y sano’ y probé”. Algo que imbrinca con la producción de subjetividades e identidades, otra de las recurrencias de su obra. “En Greenshake Talks hay un sujeto político mujer, una mujer occidental blanca, que para serlo tiene que estar delgada, cuidarse, estar sana, ser aparentemente natural…Porque el cuerpo natural no deja de ser una ficción. Por ejemplo, Elsa Pataky está aceptada socialmente porque sus operaciones pasan por naturales, mientras que Yola Berrocal se ha pasado. Es un control que hacemos entre todas y todos”, arguye.

Greenshake

Greenshake

JUST DO IT
En otra de sus performances, Ready to Rebel, sobre la práctica del Yoga en Occidente, usaba deliberadamente unas bambas Nike Studio Wrap, dando la sensación de que había un mensaje subliminal, no sin cierta sorna, que remitía a la producción de las citadas subjetividades. “Me imaginaba a este sujeto mujer que entra en la lógica de ir al curro, luego a yoga y luego de shopping, y ahí, para a ser este sujeto, esta subjetividad, necesita unos gadgets y se compra unas bambas Nike, unas mallas que Stella McCartney hizo para Adidas pensadas expresamente para hacer yoga, se compra todo el pack y se define como ese sujeto que hace yoga y va a la moda. Ahí esa actividad se contradice, porque a priori el yoga lo podrías hacer sin nada” El título, lo habréis adivinado, tampoco era inocente, ¿rebelarse CONTRA QUÉ?, nos preguntamos: “(ríe) Al principio iba a llamarse Zen Fascist y decidí suavizarlo, para que mi posición no fuera demasiado obvia. El título venía de una campaña de Reebok sobre el yoga. Y habla un poco de cómo la lógica capitalista captura aquello que se revuelta, como la camiseta del Ché, por ejemplo. Qué mejor que mimetizar con la imagen del rebelde para no crear el rebelde.”

Esta contradicción que aprecia respecto a la sencillez oriental inicial y la barroquización consumista con productos de multinacionales, la entrelaza con otra derivada de la práctica del yoga absorbida por Occidente: “También hay la productividad, el cuerpo como masa de trabajo. Esa máquina debe ser mantenida de muchas formas: haciendo un máster, running o yoga, y éste último entra muy bien porque no solo es físico sino que también es mental. En su origen se puede entender como práctica antisistema, porque requiere parar. Y dentro de la locura de la producción parar va mal, pero si se instrumentaliza y se entiende dentro de este cuerpo-máquina que (a veces) requiere de parar, entonces ya es una contradicción. Es significativo que en EEUU haya clases de yoga en las empresas, el cuerpo requiere de estar sano, física y mentalmente”, explica. Una práctica que interpreta como un lugar de evasión, como un espacio controlado de descontrol. “Es el yoga, pero pueden ser tantas cosas, como el running, pero también ir a una discoteca, donde se da una potencia muy grande como el baile. En las ciudades hay discotecas, espacios delimitados donde hay baile controlado o el alcohol, una droga controlada. Todo está en la misma línea, funcionan con la misma lógica de captar una fuerza X y cercarla. Como las presas de agua. Instrumentalizar esta fuerza para el individuo neoliberal, que tiene esta rutina diaria y estos espacios, que son controlados para que no sean una amenaza”. Algo que relaciona con “esa perversidad del mundo en que vivimos, con esta mano que detecta estas resistencias y las captura. Por ejemplo, en el mundo del arte ahora se han valorizado ciertas cosas que hace cinco años no lo estaban.”

Ready to Rebel fue presentada como una evolución durante 2013 y 2014 a lo largo de 4 prácticas distintas y escenificaba en todos los casos a una mujer occidental yendo a hacer yoga con su equipo. Lo que variaba eran las motivaciones, cambiantes según los espacios donde la escenificaba. Por ejemplo, en el Macba la base de la performance eran gestos, posiciones o posturas de aplicaciones de yoga para aeropuertos o beauty yoga que sacaba de un teléfono que “tenía que ser iPhone”. Gestos que “repetía y acumulaba, como una especie de coreografía.” En cambio, para la presentación del cuarto número del fanzine feminista Bulbasaur decidió basarse en gestos extraídos de aplicaciones de Beauty Yoga contra las arrugas o la celulitis específicamente dirigidas a “mujeres”.

EL INFLUJO DE LAS PREGUNTAS MICROCOTIDIANAS
Esos movimientos de Greenshake Talks y Ready to Rebel conectan con las microacciones cotidianas: “Pongo como ejemplo esa mujer que se levanta cada mañana y se pone crema facial. Me parecen unos gestos muy agresivos, porque tienen que ver con el rostro y con algo aparentemente suave como ponerse una crema y cuidarse a sí misma, pero a la vez tienen una agresividad brutal. Y lo digo yo, que me pongo crema cada mañana y tampoco quiero dejar eso: ¿Qué pasa ahí? ¿Por qué voy a yoga? ¿Por qué me pongo crema facial?” Justamente, Ready To Rebel tiene su origen en la decepción que sufrió con el yoga en 2012, cuando se apuntó poco después de terminar la carrera, en un momento en el que, según explica, “quería ser ultraproductiva y se me empezó a caer el pelo por el estrés y se me hacían clapas enormes. Me apunté y empecé a plantearme ¿qué coño hago aquí? ¿Por qué estoy haciendo esto?’”

También por esa época comenzó a coquetear con la performance, una práctica que apenas había visto durante la carrera pero que, semibromeando, asegura que ha hecho durante toda su vida. “Empecé porque es sostenible, solo necesitas tu cuerpo. Vale, necesitas tiempo, que ahora también es dinero, y capital cultural, pero a nivel de material (casi) solo tu cuerpo. También es muy coherente hablar del control de los cuerpos y utilizar el tuyo como medio. Me parecía la forma más justa para hablar de esto, también como sitio desde el que anunciarte, desde este cuerpo situado.”

Una de las experiencias de infancia que recuerda Guiteras es que sus padres la apuntaban a hacer actividades físicas, con experiencias desafortunadas en ballet, patinaje artístico o balonmano que terminaba abandonando a los seis meses. Se le daban mal, apunta, algo que se podría interpretar que ha terminado revirtiendo inopinadamente en sus creaciones. “Una parte muy importante de la performance tal y como la entiendo es la imposibilidad de la repetición, y como en esa imposibilidad hay una cierta esperanza a la resistencia. Judith Butler habla de cómo la performatividad opera a partir de la repetición hasta llegar a la consolidación de la norma. ¿Y qué mejor (para evitarlo) que hacerlo muy mal, no? ¡O qué bonito que tu cuerpo se resista a hacer bien el yoga occidentalizado! La performance se basaba en eso, en ir repitiendo y acumulando, pero a partir de un cuerpo que no es experto en eso, que no es flexible. Hay una exposición, pero en esa imposibilidad detectaba una resistencia que me parecía bonita.”

‘vale, ok, está bien’ (en minúscula)
Una de las características que más me gusta de sus creaciones es que evitan en lo posible el vocabulario y los códigos arcanos para iniciados, e integran distintas fuentes, algo que viendo Greenshake Talks, con su mejunje, ¿o eran batidos?, de humor y ejemplos cotidianos, hacía que me preguntase si era deliberado, puesto que reíamos cada vez que trastabillaba: “Me equivocaba de verdad. Soy muy fan de Esther Ferrer y antes de cualquier performance veo entrevistas suyas y la escucho y me da un ‘vale, ok, está bien’. Porque dice mucho eso de ‘lo que tienes es lo que hay’. De que los gestos que haces, pues los haces delante (del público) y ya está. Nunca tengo una voluntad humorística pero la gente se ríe, como con los patrones de belleza, que pensaba ‘no os riáis, no hace gracia’”, señala, divertida. Tal vez esta naturalidad haga de puente. “El otro día una amiga vino a verlo y me dijo que sobre todo le gustó porque era muy antiacadémico. Quizá pasa por lo que me preguntabas de cómo había crecido. Por eso que aparentemente es llano, pero donde también hay cosas muy profundas, aunque no haya el vocabulario”

Justamente, Guiteras, hija de funcionaria administrativa de la Generalitat y de padre autoempleado en un negocio familiar de autorrecambios de coche, creció en El Clot – Sant Martí, en Barcelona, en una familia que, explica, “nunca tuvo un interés directo hacia el arte en mayúsculas. Pero sí me nutrí de arte en minúsculas, como la cocina, que había tradición por parte de mi abuela, y preparar cada día la comida para una familia necesita creatividad, en este punto tan cotidiano en el que el arte se empieza a diluir en la vida y es vida. Mi padre también tiene una gran sensibilidad hacia la escritura y a veces escribía poesías, y evidentemente se ha ido filtrando”. Define como momento clave apuntarse a dibujo con 12 años y de ahí, con oposición familiar, pasó al bachillerato artístico y a la carrera de Bellas Artes. Poco a poco fue añadiendo otros referentes que desconocía totalmente, porque en su contexto familiar “no había según qué libros ni películas” y fue entrando en contacto con la obra de la citada Ferrer o de Adrian Piper, Laurie Anderson, Trisha Brown o Itziar Okariz, pero también señala como relevante haber compartido taller con Lucía C. Pino en Hangar, Internet o sus experiencias con sus compañeras del Ladyfest o de Nenazas.

Nenazas

UN ENTE “MULTIFORME, CAMBIANTE Y HEREJE”
Precisamente, ante todos estos procesos de subjetivización, Guiteras mantiene otros en colectivo como formar parte del núcleo organizativo del próximo Ladyfest Barcelona 2016 o su participación en las recién mencionadas Nenazas, un ente “multiforme, mutante, cambiante, hereje. Nos cuesta definirlo, pero esta misma esencia de que nos cueste es la que nos define”. Nenazas surgió hace tres años, cuando Ariadna se encontró a su amiga Alba Feito en un concierto. “Empezamos a beber birras y a despotricar de todo. Salíamos de la Uni y teníamos la sensación de que no se validaba lo nuestro. ¿Hay un arte conceptual masculino singular que es el que están premiando? ‘¡Pues sí que lo hay!’, decíamos. Entonces nos decidimos a ir al otro lado y decir ‘vamos a ser colectivas, a ser unas nenazas, a vomitar, berrear, ser plurales, ser femeninas’. Y así empezó, de ese cabreo”

Su primera creación fue un fanzine: “Alba se movía más en ese circuito y vio que había un montón de fanzines de tíos contando sus mierdas. ¿Por qué casi no hay fanzines de tías contando sus mierdas de que se hacen pajas? Pues entonces queríamos ser también esos fanzines de pajas pero de tías. Muchas nos conocemos de la universidad, hemos hecho Bellas Artes o practicado la performance”. Poco a poco, la agrupación fue creciendo de “boca en boca, de birra en birra”, hasta llegar a 20 mujeres con “distintos niveles de implicación”. Este aprendizaje vivencial ha desembocado en la realización de actividades muy distintas, como una performance llamada Bailar Mal, un ritual de brujas o una casete en la que reinterpretaban las canciones de las Spice Girls por el filtro emborronado de cómo las recordaban de cuando eran pequeñas. Próximamente sacarán un nuevo fanzine, Envidiosas, en el que “abordaremos la figura de la envidiosa, que sacamos de una conferencia de Julia Montilla donde aparecía representada en Ilustraciones médicas de la locura femenina en el siglo XIX como una enfermedad, como la mujer soberbia y con ansias de escalar por encima del hombre. Decidimos recuperar esa figura y repensarla hoy, desde nuestros distintos puntos de vista.”

HACER DE TODO Y DE NADA
Actualmente sin oficio alimenticio y cobrando el paro, me explica que siempre tiene un curro alimenticio y lo compagina con el arte. “Puedo hacer de todo y de nada”, resume. ¿Se puede vivir de esto?, pregunto varias veces. “Es imposible”, señala repetidamente. ¿Y el último pase de dos días de las Greenshake Talks en el Antic Teatre? La entrada valía 10 euros. “El contrato era que la artista se llevaba el 80% de los beneficios que se sacaban de la venta de entradas, que a priori era algo muy guay, pero claro, la producción la hacía de mi dinero. Eso incluía la comida, no solo para la performance, sino también para los batidos que se repartieron al final, con sus botellas de plástico, sus etiquetas y su diseño, a cargo de Cristina Pastrana. Conté también con Black Baltic y el escenógrafo Alberto Merino, quien usó maderas que encontró por la calle y plantas de plástico baratas. Gastamos también gasolina para recoger y transportar material y compramos un cable jack. Vinieron en total 87 personas, pero al final, restando, nos quedamos con ciento y pico de euros de beneficio que se dividían en 45 euros para la banda, 45 para el escenógrafo y 45 más para mí. No se puede vivir, la solución pasa por compaginar.”

Quizá esas dificultades pecuniarias expliquen que me diga que le cuesta decir que es artista cuando le pregunto si se siente cómoda con la etiqueta. “En otros países no es tan raro y aquí parece ser un jeta. Cuando tengo trabajo alimenticio siempre me defino con el trabajo que estoy haciendo, sí que tiene esta cosa incómoda. Tampoco quiero que se me asocie o relacione con el artista romántico. Ojalá este trabajo no fuera algo tan extraño y se entendiera como uno más dentro de los trabajos de esta sociedad. Así diríamos soy artista como quien dice soy panadera, y ya”

Sus próximos planes son la participación en The Conversation, proyecto comisariado por Lauren Wetmore sobre “la naturaleza y los efectos de los dispositivos de control” que tendrá lugar el día 9 y el día 10 de este mes en Hangar. Una semana más tarde, el 17, estará en la librería La Caníbal dentro de un acto contra el TTIP junto a Jesús Jeleton y otras.

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