Andrea Alvarado Vives: “El reto principal de bulbasaur era acercar el feminismo a nuevos círculos sin despolitizarlo”

Miércoles, 23 Julio, 2014

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Foto: Francina Ribes

Andrea Alvarado Vives (Barcelona, 1987) edita los textos y artículos del fanzine feminista Bulbasaur y es responsable de su creación junto con Mirena Ossorno y Blanca Miró. “Mirena y Blanca seleccionan las colaboraciones gráficas y también hacen ilustraciones. Y Mirena es quien maqueta y diseña”. Extremadamente cuidado tanto en lo que se refiere al contenido como a la forma, Bulbasaur irrumpió con fuerza con su primer número en 2013. Con la llegada del tercero, se ha consolidado como una de las mejores noticias recientes para el feminismo en la escena underground de Barcelona.

Andrea y Blanca se conocen desde el colegio y comenta Andrea que la idea de Bulbasaur surgió a partir de conversaciones en las que solían llegar a la conclusión de que no sentían empatía cuando hablaban de ciertos temas en su entorno: “esto ahora quizá ya no ocurriría tanto pero hace dos años era así, sobre todo en nuestro círculo”. Y decidieron hacer algo al respecto. “Blanca me presentó a Mirena y empezamos a quedar, sin muchas pretensiones al principio. Hablamos mucho… y estuvimos así casi un año, hasta que un día decidimos poner una fecha.” Aunque según cuenta Andrea esta inquietud por “hacer algo con el feminismo” tiene cierto recorrido: “Yo me consideraba feminista pero no tenía ni idea de que detrás de esa palabra había tanto. Me metí de lleno en la teoría feminista, a leer mucho, y se me planteó esta cuestión: ¿Cómo es posible que esto solo esté en la academia, básicamente, o en los movimientos sociales? Y entonces nació esta inquietud de hacer algo para sacar el feminismo de allí, pero sin despolitizarlo. Creo que ese es el reto: sacar el feminismo de los lugares politizados y hacerlo llegar a la gente que no está politizada sin descafeinarlo y sin que te llamen radical a la mínima. Poder plantear un discurso radical sin que la gente te ponga un freno ya de entrada” aclara, y añade “con la gente que está politizada pero no es feminista las estrategias quizá son otras”.

Después vino otra pregunta “¿Cómo decir esto en círculos donde no hay feminismo?” Pensaron que la manera más fácil era hacer un fanzine, el cual combinaría artículos más teóricos con ilustraciones y pequeños cómics temáticos. Pretendían buscar una fórmula que les gustara y en la cual se sintieran cómodas para transmitir un contenido que creían necesario transmitir. Los 300 ejemplares que editaron del primero ya estaban agotados un año después. “Yo no tenía ni idea de que Bulbasaur iba a tener éxito, para mi ha sido una gran sorpresa.”

La mayoría de colaboradoras son de aquí de Barcelona: “al principio lo más fácil es recurrir a gente que conoces. Pero supongo que con el tiempo cada vez se irá ampliando más el círculo. Por ejemplo en el primer número las ilustraciones eran solo de Mirena o Blanca, en los siguientes ya no”. El fanzine ha tenido muy buena aceptación en todo el estado e incluso les han llegado algunas buenas noticias desde el extranjero. De momento van a dos Bulbasaur por año aunque Andrea confiesa que le gustaría que fueran más. Confirma que habrá un Bulbasaur 4 en breve “espero que salga entre octubre y noviembre. Será un poco el mismo estilo que los anteriores, pero estará un poco más centrado en el cómic. Es algo que hemos ido haciendo pero quizá no lo hemos explotado lo suficiente”. Adelanta que contarán con una colaboración de la mítica autora de cómics americana Trina Robbins.

El balance ahora que acaban de estrenar el tercer número es muy positivo, y al parecer no las han llamado radicales “a mí es algo que a veces hasta incluso me molesta (ríe). Porque muchos de los temas que se tratan sí que me parecen radicales. Tratamos desde capitalismo, economía, teoría queer… no hay filtro. Sin embargo, mucha gente me dice que lo que le gusta de Bulbasaur es que no somos radicales. Al final he llegado a la conclusión de que está muy relacionado con la estética, de que el hecho de tener una estética pop hace que la gente se acerque al fanzine de una manera diferente. Parece que se proyecta una imagen algo más fresca, quizá a veces incluso se juega un poco con lo frívolo, con la broma. Creo que esto puede ser la clave de que gente que está fuera se haya podido interesar. Pero luego te encuentras con un contenido que yo sí considero que es radical.” Y afirma tajante “no se trata de envolver el feminismo en alguna pastillita bonita para que la gente se la pueda comer mejor, nuestro uso de la estética no es de márketing ni mucho menos. Simplemente es lo que nos gusta a nosotras, hacemos un diseño determinado porque nos gusta este estilo, y casualmente no tiene nada que ver con la estética que se asocia a movimientos sociales o al feminismo institucional.”

Y cualquiera que lea el fanzine se dará cuenta que no es posible tacharlo de superficial.  “No queríamos que Bulbasaur fuese simplemente hablar de las mujeres en el ámbito cultural, que se quedara todo en hablar de una dominación simbólica… queríamos hablar de otros temas que en según qué sitios no se tratan”, dice Andrea, y pone como ejemplo la mesa redonda sobre economía feminista que formó parte de las jornadas de presentación del segundo número: “una de las cosas que aprendí cuando me metí en la teoría feminista es que no se puede entender el patriarcado sin tener en cuenta el  capitalismo. Yo me he radicalizado en este sentido gracias al feminismo, y me parecía muy importante mostrarlo, porque para mí fue muy revelador.”

Andrea, Mirena y Blanca, el team Bulbasaur al completo

Además Bulbasaur se vincula a temas de actualidad, algo que probablemente también ayude a conectar con la gente: “la actualidad ofrece muchos ejemplos de cómo las cosas no han cambiado tanto, que es lo que queremos transmitir, la idea de que el feminismo sigue siendo necesario. Y tener un proyecto de ley como la contrarreforma del aborto es una señal clara. Yo creo que realmente si algo va a conseguir la reforma del aborto va a ser que el movimiento feminista se mueva más que nunca, o al menos que se vuelva a mover como en los años de la transición. Es una pena que sea así pero siempre ocurre, con cualquier otro posicionamiento político: que te tengan que poner la soga en el cuello para que avances un poco.”

Le comento a Andrea que personalmente he aprendido mucho leyendo los Bulbasaurs. En concreto, sus artículos relacionados con la violencia desde el punto de vista del derecho son una aproximación muy diferente al feminismo de la que yo había tenido. Ella responde lo siguiente: “cuando me metí en el feminismo, durante un año no quise saber nada del derecho, todo lo relacionado con el feminismo y que no implicase al derecho, me parecía mucho más interesante. Fue cuando leí a Virginie Despentes que empecé ver los puntos de conexión. Me empezó a interesar muchísimo el tema de la violación, o la educación en la no violencia femenina. Intenté explorar la vía de cómo se construye la idea de la víctima femenina, cómo se educa a las mujeres para ser víctimas. De ahí a cómo el derecho representa a las víctimas de las agresiones sexuales…Y un día pensé en escribir un artículo para Bulbasaur sobre este tema.

Andrea está realizando una investigación titulada “Agresiones reales y víctimas ideales. Un análisis de la jurisprudencia española sobre las agresiones sexuales” para el máster “Estudis de Dones, Gènere i Ciutadania” del IIEDG (Institut Interdisciplinari Estudis de Dones i Gènere). “Incluso dentro del feminismo, la violación es algo de lo que no se habla tanto. Se habla muchísimo de violencia de género. La violación en cambio es algo que prácticamente no se ha investigado aquí. Nos hemos centrado mucho, incluso dentro del derecho, en la violencia de género. Claro que dentro de ella en un sentido amplio se engloban las múltiples agresiones sexuales, pero no se trata como una cuestión específica, y yo creo que es un error.”

Ilustración de Blanca Miró para Bulbasaur #3

En su artículo en el último número de Bulbasaur, Andrea adopta una postura muy crítica con el hecho de que para poder acceder al supuesto de violación, uno de los que contempla la nueva ley del aborto, sea imprescindible haber presentado una denuncia. Teniendo en cuenta que, al contrario de la idea establecida, la mayoría de violaciones tienen lugar en el ámbito privado, ya sea dentro de las relaciones de pareja, o entre amigos o conocidos, el requisito de denuncia puede suponer un obstáculo para que algunas mujeres puedan acceder a abortar a pesar de haber sido violadas: “Hay dos posibilidades, que a Gallardón le de lo mismo o que ni siquiera haya pensado en esto. Yo defiendo que la idea que se tiene de las violaciones es una cuando en realidad son otra cosa. Entonces claro, ¿por qué no Gallardón iba a también tener esta idea? Pero por otra parte, es un político, está haciendo una ley, se podría informar de cuáles son en realidad los casos mayoritarios de violación y de qué sentido tiene poner el requisito de una denuncia o no. (…) Claro que hay antiabortistas radicales, que piensan que no se debería abortar bajo ningún concepto, pero yo no creo que sea el caso de Gallardón, por mucho que esto pueda sonar raro. Yo creo que él sí que puede creer que hay casos en los que se contraponen derechos, y que en algunos casos el derecho de la madre es más importante. Otra cosa es cómo está configurado este supuesto.

Esto se puede relacionar fácilmente con la idea que se tiene de lo que es la violencia contra las mujeres en un sentido más amplio “y con cómo se cree que es fácil denunciar. Y ya no solo que es fácil, porque esto dependerá de cada mujer, sino cómo se considera que es la única vía. Tienes que recurrir a una instancia del estado (patriarcal) para que legitime tu discurso. Incluso fuera del aborto, es la única solución que se plantea para la violencia, y esto para mí es bastante grave.”

Según Andrea, “el sistema penal no puede ser la única respuesta a la violencia hacia las mujeres porque entre otras cosas individualiza los casos y los despolitiza completamente. Puede ser una respuesta para una mujer concreta pero no puede intervenir en los orígenes de la violencia contra las mujeres”. En este sentido Andrea opina que “es en las relaciones íntimas entre hombres y mujeres donde se encuentra uno de los núcleos duros del patriarcado. Es muy fácil tener un discurso políticamente correcto, pero después es en muchos casos en las relaciones personales entre hombres y mujeres donde se siguen perpetuando ciertas desigualdades.”

“Históricamente un marido podía violar a su esposa y la ley decía que eso era posible. Esto forma parte de la herencia histórica del derecho. Así que el derecho penal envía mensajes y muchos, el problema es que cuando el estado decide utilizar el derecho penal parece que se acabó intervenir en otros lugares: políticas de educación, poner dinero casa de acogida que no estén supeditadas a denuncia… parece que lo importante es la denuncia y atrapar al agresor. No se destinan recursos a otro tipo de intervenciones que realmente vayan acorde con las necesidades de las mujeres.” Matiza que en algunos casos denunciar puede funcionar “pero el mensaje nunca puede ser solo denuncia, porque criminaliza mucho a las mujeres. Hace pensar que todo está en sus manos” un claro ejemplo de esto es la reciente polémica por las declaraciones en directo de la presentadora de TVE1 Toñi Moreno “O se denuncia [el maltrato] o se calla una para el resto de la vida”.

Ilustración de Blanca Miró para el número 3 de Bulbasaur

Meses antes, el diputado de UPyD Toni Cantó fue noticia al airear vía twitter datos incorrectos sobre las denuncias falsas por malos tratos. “El tema de las denuncias falsas es el mito eterno” opina Andrea. “Cada vez que se ha intentado desde el movimiento feminista promover leyes que intervinieran en el ámbito privado, el miedo siempre han sido las denuncias falsas. Es un miedo constante y que se utiliza para minimizar la violencia contra las mujeres, negar directamente que existe, o decir que hay que ir con mucha cautela. El tema era tan grave que el consejo general del poder judicial se vio obligado a hacer un estudio pero para desmentirlo. Además, que puedan existir alguna que otra denuncia falsa es algo que existe en todos y absolutamente todos los delitos, sin embargo, casualmente, en este ámbito preocupa muchísimo.” Por otra parte “el sistema penal tiene una manera de intervenir en la sociedad muy violenta, y es un sistema que es clasista a más no poder, porque cuando puedes pagar a un buen abogado es todo muy fácil. Aquí también se ve como las mujeres generalmente están en desventaja.”

Hemos hablado de los problemas que tiene el derecho para intervenir en el espacio privado pero Andrea publicó un artículo en el primer número de Bulbasaur precisamente sobre las asignaturas pendientes en la apropiación del espacio público por parte de las mujeres: “no se puede entender el mensaje que se envía a las mujeres en relación con el espacio público sin el que se envía en relación al espacio privado. La idea es que el lugar de las mujeres es el espacio privado, donde están a salvo. El miedo que se les mete a las mujeres es cuando tienen que salir al espacio público se sobredimensiona muchísimo y además las estrategias son desempoderadoras.” Un ejemplo reciente muy claro son las recomendaciones de prevención de la violación que recientemente ha publicado el Ministerio de interior.


Otro de los artículos de Andrea, en este caso publicado en Píkara Magazine, critica el hecho de que ciertos sectores que están a favor de que las mujeres puedan abortar sigan victimizando a las mujeres: “La izquierda tiende a coincidir con los antielección en la visión de la interrupción como un drama personal, un discurso que victimiza a las mujeres y perpetúa el tabú, el silencio y la culpa” reza el subtítulo. “En ciertos sectores todo el mundo tiene muy claro que las mujeres pueden abortar, pero se siguen buscando causas que justifiquen eso. Yo creo que es porque los antiabortistas han convertido el debate en un debate ético. Cuando salió la ley del 85, hubo protestas pero el movimiento antiabortista no estaba tan organizado como ahora. Ni aquí ni en todo el mundo. Y una vez se aprobó esa ley, hemos tenido 20 años de estabilidad… La ley del 85 no contemplaba el aborto como un derecho, simplemente lo despenalizaba en algunos supuestos, pero en la práctica era una ley que iba muy bien para las mujeres que querían abortar. Por ejemplo si podías demostrar que el embarazo te iba a producir un daño psicológico o físico podías abortar, no había límite. Después de 20 años de silencio, durante la época de Zapatero fue cuando los sectores antiabortistas empezaron a hacer ruido, desconozco que encendió la chispa pero empezaron a denunciar a clínicas, a denunciar a médicos, a denunciar a mujeres… Fue cuando se volvió a encender el debate y entonces el sector feminista entendió que se necesitaba una ley que contemplara el aborto como un derecho. Se aprobó la ley del 2010, y aunque con ella el aborto pasaba a ser un derecho, en la práctica era una ley más restrictiva. Porque aunque ya no tenías que alegar daños psicológicos el aborto libre era simplemente hasta las 14 semanas, y en caso de que fuera un peligro para tu salud física o psicológica, podías hasta la semana 22, cuando con la ley anterior podía ser siempre. Aún así fue un salto muy grande: la gente entendía que las mujeres tenían derecho a abortar, pero seguía buscando justificaciones… el discurso del aborto como un derecho reproductivo, como un derecho que te permite el ejercicio de la sexualidad y la maternidad libremente, no ha calado. Entonces se intentan buscar justificaciones, decir que el aborto es un drama para todas las mujeres, y victimizar. Porque al convertir el aborto en un debate ético… cuando te hablan de defender la vida del feto, el recurso fácil es plantear que también es un drama para las mujeres.”

Andrea afirma que aunque se trata de un recurso que también se utiliza por feministas, es en realidad un arma de doble filo con la que hay que tener mucha prudencia “me parece bastante peligroso porque no estamos yendo a la raíz, a lo que importa, que es que las mujeres deciden libremente. Que son autónomas.” Y añade “para mí en los sectores antiabortistas lo que viene de fondo es una idea sobre la sexualidad femenina determinada, una idea de familia determinada, y una idea del rol que tienen que ocupar las mujeres muy concreto. No es tanto la protección del feto, es la protección de un determinado orden de las cosas”.

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