Aimar Pérez Galí: otra épica es posible

Martes, 6 Junio, 2017

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La danza como un proceso sensorial a través del cual reivindicar otra sensibilidad para entender y estar en el mundo. Un lugar alejado de la heteronormatividad y de la tiranía de lo racional. Así es como Aimar Pérez Galí ha concebido Èpica, su último trabajo. Oscuridad, música techno y cuatro bailarines. Es todo lo que este también bailarín y coreógrafo necesita para agitar no solo nuestros cuerpos, también nuestras conciencias. El Mercat de les Flors ha programado su pieza dentro del Festival Sónar, donde el nihilismo del baile dejará paso al empoderamiento y en el que las voces de los disidentes tomarán el protagonismo como primer paso hacia un imaginario feminista y ecologista. La utopía estará entonces más cerca. Y la épica, en ese momento, será total.

En uno de los teasers que he podido ver de “Èpica”, presentáis el espectáculo como el baile del futuro. ¿Es una premonición de lo de que será la danza en unos años?
La verdad es que es una idea que viene del libro “La danza del futuro” de Jaime Conde, donde especula precisamente sobre este tema. En las nuevas dramaturgias o artes vivas, como venimos de una herencia de danza, es decir, entrenados desde una concepción muy dancística, se genera un conflicto con la etiqueta: qué es y qué no es danza. Entonces Jaime escribió este libro para reivindicar cómo son las artes vivas hoy en día, y que éstas siguen siendo danza porque lo estamos concibiendo desde una mentalidad coreográfica. Así que lo de danza del futuro viene en parte de ahí. Pero también porque intentamos concebir esta pieza en sí misma como un lugar para pensar un futuro hacia la libertad dentro de las artes escénicas: cómo emancipar el espectador, cómo emancipar la mirada en una sociedad que es totalmente ocular céntrica Ten en cuenta que todo lo que vamos a ver en un teatro es consumido visualmente, así que ¿qué pasa si eliminas esta parte? ¿cómo operan tus otros sentidos?

Entonces se supone que en “Èpica” muchas cosas van a suceder en la oscuridad…
Casi todo el rato, sí. Y eso nos ha supuesto todo un reto; por ejemplo a la hora de plantear la iluminación. Esta mañana hablábamos con Cube.bz, que es quien se encarga de ello, sobre cómo iluminar la oscuridad, cómo crear la anti-iluminación. Porque para que haya oscuridad tiene que haber luz, igual que para que haya silencio tiene que haber alguien hablando, como decía John Cage, si no el silencio no se produce. También pensamos en crear oscuridad porque es un lugar ideal para el anonimato. En la oscuridad te desinhibes más, no te juzgas y no piensas en la imagen que estás proyectando. En la oscuridad se producen otros códigos, y se potencian otras percepciones que se hacen más evidentes, como el tacto, el olor. y además eso, te dejas de preocupar de la imagen que proyectas

Aun así tengo entendido que habéis pensado mucho en el diseño del espacio o en el vestuario, por ejemplo, que he leído que va a cargo de Xevi Fernández. ¿No es un poco contradictorio? Si no queréis que se os vea a los bailarines…
Sí, y justamente el vestuario es de un tejido muy particular que si te toco lo vas a percibir de otra manera. Si es que te toco… O si nos rozamos, percibirás algo a lo que no estás acostumbrado…. ¡tchan tchan tchan! Misterio… (risas)

Vale, lo dejamos ahí, no pretendemos convertir la entrevista en un spoiler…
Exacto. Pero sí, hemos pensado en esa contradicción, y hemos tenido muchas dudas sobre la estética que estábamos produciendo que se podía contradecir con la idea de la oscuridad, del no consumir visualmente a los bailarines. Pero a la vez nos concebimos como agentes de agitación. Es casi como cuando estás de fiesta en una discoteca y de repente entra alguien que lleva un look que piensas “yo necesito ser amigo suyo” y es como woou, porque es un look que te excita. Y lo que pretendíamos con el vestuario es que los cuatro bailarines seamos los que agitamos al público física y sensorialmente.

Y respecto la música que habéis escogido para “Èpica”, ¿por qué el techno, porque es el Sónar?
Bueno, casi que viene al revés. Me interesaba trabajar con el techno por la idea de producir un espacio donde encarnar un discurso, y encarnarlo mediante la danza. Pero el discurso no lo encarna el bailarín sino todas las personas que están allí presentes. Es algo que ya viene de anteriores trabajos míos como Sudando el discurso, que es una conferencia encuerpada donde lo que estoy hablando yo es algo que viene de mi propia experiencia, y donde mientras lo estoy hablando lo estoy bailando también. Y en Èpica me apetecía ir un poco más allá: que la gente encarnara el discurso que se iba a poner allí. Así que la idea era utilizar la sesión de techno, donde la gente baila de por sí, y meterle un discurso feminista a través de unas voces que representan las luchas negras, feministas y queer. Además la encargada de la música es Okkre que es la productora y compositora de las LCC. Ella ha preparado una sesión de una hora con la idea de plantear un viaje, de algo que evoluciona. ¡Es muy guay la música! Y además tenemos el plus de que ella va a estar pinchando en directo durante la representación.

Ahora que has mencionado esto del discurso en la danza, ¿cómo os aseguráis los coreógrafos que el público captamos el mensaje que queréis transmitir? Yo leo un texto y entiendo lo que me quiere decir el autor, o viendo un cuadro o un vídeo. Pero, ¿cómo se consigue ésto con el movimiento?
Para mí ahí está el kit de la cuestión. Hay un problema histórico que tiene la danza y es que está demasiado vinculada a las otras artes. La danza siempre ha operado como hermana del teatro o de la música, como el ballet, que es una coreografía hecha encima de una música ya existente o compuesta para eso y que tiene un libreto, una historia. Una parte de la danza proviene de la herencia de la danza teatro europea de Pina Bausch y sigue operando en esa línea de una danza narrativa. Pero cuando la danza deja de ser narrativa ahí se genera un poco de cortocircuito y por eso algunas personas dicen “no voy a ver danza porque no la entiendo”. Pero es que claro, la danza no es para entender, la danza opera a otro nivel que no es el narrativo. Porque tu cuando escuchas la Quinta de Beethoven, ¿entiendes algo? ¿o es algo que te mueve, que te emociona, o te aburre? Opera a un nivel sensitivo, más que narrativo. O un concierto de techno igual… y nos lo pasamos pipa. Pero opera en tu cuerpo…

Quieres decir a nivel emocional, si te transmite algo o no…
Claro, es entender la danza desde ese lugar, como una herramienta sensorial que te puede mover cosas; por ejemplo, te puede hacer cambiar la percepción del espacio, o del tiempo, o del ritmo… Hay tantos parámetros que operan dentro del movimiento, sin ser el narrativo.

Pero sí que hay un discurso. Por ejemplo en “Èpica” hay un discurso feminista, de reivindicación, de crítica al machismo…
Sí, pero el hecho de que ocurra en la oscuridad y tú no puedas consumir visualmente al bailarín, eso es un gesto super político. O el hecho de que puedas tocarnos, por ejemplo… Hay muchos otros elementos que están operando en el cuerpo del espectador, que no pasan por contar una historia. Y es verdad que en mis tres últimos trabajos hay texto porque estoy interesado en esta idea de como meter el discurso hablado, pero entendiendo que el movimiento es un lenguaje que no opera en el campo narrativo.

Por cierto, a estas alturas de la charla todavía no te he preguntado por qué has titulado esta pieza  “Èpica”…
La épica es una emoción muy contundente, es un momento en el que estás tomado por una emoción de mucha potencialidad… pero no la épica de Braveheart, sino de una colectiva, anónima. Y quería aplicar ese concepto a unas luchas que habían sido silenciadas: la de la comunidad negra y queer, la de las mujeres, la de los estudiantes, la del colectivo trans. Hemos intentado que todas esas voces estén ahí en el espectáculo. Pero me interesaban que las voces originales estuvieran ahí presentes. Por ejemplo escuchar que Nina Simone diga “Freedom is not fear” es algo energético que te emociona más que si te lo digo yo, un niño blanco occidental, que por muy marica que sea, tengo unos privilegios que otras personas no tienen.

Es una danza que empodera…
Y de emancipación del público. Todo lo contrario a entender el teatro como construcción burguesa, donde el público va a consumir visualmente a los bailarines. Aunque tampoco es una sesión de público participativo, porque no te voy a obligar a participar, solo te voy a quitar el cinturón que te ata a tu butaca. Te doy libertad para que hagas lo que quieras. Queremos sacudir todas esas convenciones que entienden el público como una unidad que se tiene que comportar de la misma manera.

He leído también que en el Manifiesto de “Èpica”, que has publicado en tu blog, se saluda a la mitosis del futuro, y eso me ha dejado un poco sorprendido, la verdad… ¿Qué relación guarda esto con la emancipación y la lucha feminista que comentas?
Eso lo hemos tomado de Lady Gaga en realidad (risas), de su manifiesto Mother Monster. Y nos molaba porque hay un trabajo somático que se llama body mind centering que viene de los años sesenta que intenta producir el movimiento a partir de una investigación del cuerpo, del propio organismo, ya sea de tejidos de órganos y hay una práctica que consiste en poner atención a las células. ¡Es un viajote que tienes tú! Pero cuando yo lo hice tuve una visión y pensé que a nivel celular yo no soy diferente de un gato o un árbol. Una célula es una célula y son iguales las mías que las de alguien del Congo. Pensar la célula como lugar utópico de la libertad, donde no hay situaciones de jerarquía, de privilegio, de abusos. Todo el discurso en Èpica no está dirigido a ti, sino que está dirigido a tus células. Todo el mensaje está dirigido a nosotras células. Es poner al atención no al yo como construcción sociocultural, sino bajarlo a un lugar más micro. En realidad todo lo que hacemos es como un ritual par agitar las células, para producir un campo vibracional alrededor de los cuatro bailarines que modifique el estado celular de la gente que venga. Además nos permite reflexionar que hay una continuidad entre yo y la tierra y el árbol: vamos a construir ese universo celular y a desplazar esta idea antropocéntrica. El bailarín es el antropocentrismo en movimiento: es todo lo que puede llegar a hacer una persona. Hay profesiones que enfatizan esa cosa, como los deportistas de élite. Y era poner en jaque esa visión. Por eso, en un espacio oscuro puedes llegar a peder la forma humana, disolver esta idea del yo, y pensarnos más como un nosotros que es una colectividad de células. Es muy utópico. Pero creo que el teatro está para eso, para construir una ficción que produce una experiencia real. Y practicar futuros posibles. Yo entiendo la danza como un laboratorio donde pensar otros mundos posibles.

Imagino que después de Èpica, no te va a quedar mucha energía para asistir al Sónar. Pero aun así, ¿a qué concierto te gustaría ir a bailar?
Así es. Y me da mucha rabia porque solo podremos ir al sábado noche. Pero al viernes me encantaría ir al concierto de LCC, que presentan su disco o al de Arca. Pero me conformaré con ir el sábado noche a Vitalic porque estamos haciendo cada día abdominales y flexiones con su música, así que iremos a su concierto sí o sí.

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