Activismo transespecie

jueves, 8 febrero, 2018

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Foto: David Vintiner & Gem Fletcher

Hace siglos que vivimos con la premisa de conocernos a nosotros mismos. Aunque hoy en día tenemos más libertad que nunca para decidir quienes queremos, muchas veces hay que luchar contra viento y marea para ser lo que uno siente. Aquellos que dan el primer paso a modo de pioneros, son decididamente unos valientes. Este es el caso de Manel Muñoz.

Este joven fotógrafo barcelonés se define a él mismo como transespecie, lleva implantado un barómetro en las orejas y es uno de los fundadores de la Transpecies Society. Esta organización, que se inauguró el pasado mes de diciembre en Barcelona, “nace con el fin de dar voz a las identidades no humanas, aquellas personas que sienten que en un tanto por cien ya no son de esta especie”. De momento hay unos doscientos socios; personas que como él, han cambiado la percepción de sí mismos.

“La gente tiene ganas de contar en confianza cómo se sienten, y esta organización les invita a abrirse. Pretendemos normalizar esa sensación; darles voz, animarles a expresarse sin miedo y ofrecer cobijo a este sentimiento”. A partir de ahora tienen un espacio donde, como comunidad, pueden explorar y poner en contexto lo que quieren ser y como lo quieren promover. De momento Manel no concreta futuras acciones; el éxito les ha pillado gratamente desprevenidos y quieren consensuar los próximos acontecimientos, establecer grupos de trabajo entre ellos para crear nuevos órganos, como el que lleva él mismo.

Manel lleva un explante que le permite sentir la atmósfera: parecido a un implante coclear, el barómetro está conectado a sus orejas, dándole la oportunidad de asociar los cambios de presión con pequeñas vibraciones en sus lóbulos. “Siento que soy un poco la atmósfera, tengo una conexión con ella: cuando ella se mueve, mi cuerpo se mueve. Siento más que estamos en un mar de aire, ya no veo mi entorno como un vacío. Pero quiero ir más allá y estoy elaborando el siguiente prototipo. Serán unas orejas barométricas para notarlo con más precisión. Será el primer implante sensorial orgánico, y me encantaría que tuviera forma de aletas”.

Foto: Lars Norgaard

Si bien es cierto que el implante tecnológico y el querer dejar de ser humanos puede traer  un cierto tufillo transhumanista, Manel aclara que nada más lejos de la realidad. El movimiento transespecie se inspira en una visión no jerárquica de la naturaleza y en la voluntad de percibirla de otra manera, lo que supone por ende modificar la propia identidad. “He cambiado la conciencia que tengo de lo que me rodea, la manera en cómo entiendo el mundo. Y también he adquirido una conciencia más medioambiental, percibo el entorno como un ente vivo”.

Estamos, pues, ante la expansión del movimiento que empezaron los ciborgs Neil Harbisson y Moon Ribas, devenidos ahora transespecie. Tú eliges qué y cómo quieres sentir. Lo cual no solo permite dotarte de otra identidad, sino que también adquieres otro lenguaje, otro discurso. Manel no tenía bastante con mirar el mundo a través de una lente (no orgánica) y quiso ampliar su campo sensorial. “Yo soy el artista, la obra, el público y el espacio porque todo ocurre dentro de mí. Yo lo llamo sensografía, para Neil y Moon es arte cíborg. Pero es lo mismo: post-arte”.

En esta época de constantes posts-loquesea, más que estar ante la última ocurrencia creativa de unos excéntricos, Manel y sus colegas de la Transpecies Society son activistas que logran ponernos delante del espejo y nos animan a preguntarnos qué es lo que nos gustaría ver en él.

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