“La Barcelona de hoy es una ciudad antipática”

viernes, 28 febrero, 2014

Por

 

Xavier Theros es el autor de ‘Barcelona a cau d’orella’(Ed. Comanegra), una crónica de la capital catalana con fotos de Consuelo Bautista que sigue los pasos y el método de la guía secreta que escribió Josep Maria Carandell en 1974.

Xavier Theros

La cita es en el Café de la Ópera, un buen lugar para hablar de la Barcelona de todos los tiempos, que es de lo que se encarga Xavier Theros en su nuevo libro. “Barcelona a cau d’orella” (Comanegra, 2013) es una crónica de la capital catalana a la manera de la “Guía secreta de Barcelona” que publicara Josep Maria Carandellen 1974. “Fue uno de los primeros libros que adquirí de adolescente y que me hizo interesarme por la ciudad”, explica Theros, que confiesa que los artículos que lleva diez años publicando en prensa y la multitud de anécdotas, curiosidades y pequeñas tramas que tiene apuntadas en cientos de papeles le han hecho la tarea más fácil. “Lo que me da miedo es actualizarla”, cuenta el poeta, antropólogo y cronista al preguntarle cuántos comercios o bares de los que cita en sus páginas cree que seguirán en pie cuando revise su libro, en una ciudad donde los locales abren, cierran y vuelven a abrir sus puertas con una velocidad pasmosa.

“No soy esencialista”, expone clara y directamente en relación a los comercios centenarios que desaparecen de la ciudad y que él también recoge en su guía. “Hay que tener claro que detrás de un negocio que desaparece hay una persona que quizás ya no puede mantenerlo, o ha recibido una buena oferta por ese local”, dice Theros. Para él, los políticos deberían proteger ciertos lugares que albergan buena parte de la historia de la ciudad, como es el caso del bar Marsella, de 1820, o el London, “el último reducto de una calle tan importante como lo fue siempre Nou de la Rambla”. Pero también tiene claro que no se puede echar en cara a nadie que cierre un local de toda la vida cuando ya no es rentable.

Una cronista discreto
En “Barcelona a cau d’orella”, Theros apunta muchos de los males de la ciudad, pero no hace sangre. Al preguntarle por ese distanciamiento, contesta con firmeza: “La protagonista es la ciudad, no yo” y añade que le parece que ya hay mucha gente opinando de todo. “Si los opinadores se tomaran las cosas en serio, verían lo complejo que es todo como para tener opiniones tan definidas sobre cualquier tema”.

¿Y qué queda de la Barcelona que narró Carandell? “Ha pasado un mundo. La etapa socialista, los Juegos Olímpicos, un enorme cambio urbanístico y arquitectónico… y el descubrimiento de una nueva industria, el turismo, que lo ha cambiado todo”, resume Theros a la velocidad del rayo. “A Barcelona le esperan muchos cambios importantes: en diciembre se produce el final de los alquileres antiguos y eso generará polémica durante 2015. Por otro lado, hay una serie de medidas recogidas en el programa de CiU que pueden significar un cambio importante para la fachada marítima de la ciudad, así como en el Paralelo o el Poble Sec”. Theros enumera y enumera y enseguida se da cuenta de la imposibilidad de abarcarlo todo en unas cuantas frases: “Un cronista puede aventurar pero no saber hacia dónde va a ir la ciudad que explica”.

Un centro fagocitado por el turismo
En el Café de la Ópera, la carta no emplea palabras para describir los platos que ofrece: están marcados solo por una letra del alfabeto. Una A es un pincho de tortilla, una C un plato de jamón y así se va complicando la cosa hasta llegar a los platos combinados o los más elaborados. Las bebidas sí tienen nombre: todo el mundo, en cualquier lugar del planeta, sabe ya lo que es la sangría. “El nuevo turismo que está llegando es el de cruceros y el que viene solo de compras. No es ese turismo que venía por la oferta cultural y no sabemos cómo evolucionará. El centro cada vez es más grande y está fagocitado por el turismo”, explica el autor de Barcelona a cau d’orella, en relación a esa carta que deja muy claro cuál es el cliente principal de un local que está ubicado en la concurrida Rambla barcelonesa.

Turismo Diciembre en Barcelona. Foto: Consuelo Bautista

Ante las enromes jarras de sangría, es fácil recordar un episodio de su libro en el que narra las competiciones de bebedores de cerveza que se llevaban a cabo en la Plaza Real después de la Guerra civil o cómo los chavales se meaban por la noche en la ya desaparecida Font del Vell, que estaba donde está ahora la estatura a Pitarra. Parece que los problemas son siempre los mismos. “Se repiten porque son los problemas que se ocasionan en lugares donde hay mucha gente compartiendo espacio. En el caso concreto de la Font del Vell estaba relacionado con otro fenómeno, el del iluminado público. Al no haber luz, se meaban en la calle”, explica. Pero la pregunta salta sola: ¿por qué se mea la gente ahora? “En primer lugar porque no hay urinarios públicos, un déficit que siempre ha tenido en esta ciudad. En segundo lugar, porque en los bares ya hay una normativa que solo permite el paso al servicio a los clientes. Y en tercer lugar, porque las normativas de horarios de cierre de los locales nocturnos son muy severas y cuando sale la gente del bar o la discoteca, no tiene donde meterse más que en su casa”.

La respuesta deja claro que este cronista se toma la molestia de analizar todos los frentes, incluidos los de conflictos menores, esos frentes que la inmediatez de las noticias suelen simplificar al máximo. No es que sea buenista, es que mira lo que explica desde varias esquinas, algo muy recomendable cuando lo que se observa es una ciudad de más de un millón y medio de personas. “En general, hay poca sensibilidad hacia el tema del mearse en la calle”, dice, primero entre serio y jocoso, y luego estalla en risas quitándole hierro al tema.

El cronista dispara
Theros conoce esta ciudad. Es hijo y nieto de carniceras del mercado de La Boquería y se ha tomado la molestia de andurrear por los barrios fuera del centro. Conoce los distritos y su historia, conoce anécdotas y las explica con entusiasmo. Ama la ciudad que pisa y en la que vive pero no puede evitar fruncir el entrecejo cuando se le pide que la describa. “La Barcelona de hoy en día es antipática, profundamente antipática. Piensa poco en la gente que vive en ella, no respeta al vecindario antiguo y le gusta demasiado el mobbing”. En este punto, Theros, que se muestra calmado y sopesa lo que dice y cómo, se dispara un poquito.  “Desde hace unos veinte años, vemos como echa a vecinos de sus casas para vender el edificio o el terreno y montar negocios. Es una ciudad muy cara, para un adolescente es una ciudad muy dura, hay pocas cosas gratuitas y no reina el buen rollo”, explica el poeta, disparado ya del todo.  “Y además está un poco triste y un poco cabreada. No solo por la época que vivimos y que sufre todo el mundo, sino porque hay una sensación de que desde hace unos años todas las coas que han pasado no han sido para el ciudadano, sino para que alguien venga a ver lo ‘chachis’ que somos. Esa sensación de ser un figurante en un parque temático es muy dura”, expone durante un disparo que ha resultado ser de metralleta.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial