Nou Barris, tal como éramos

miércoles, 27 noviembre, 2013

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Jordi Sánchez, Marta Grau y Ricard Fernández, del Archivo Histórico de Roquetes, se han metido en la complicada tarea de recopilar fotografías que abarcan casi un siglo del distrito más grande de Barcelona. El proyecto parte de la editorial Efadós, que desde El Papiol trabaja por la recuperación del patrimonio artístico de Catalunya. No es la primera vez que se atreven a ponerle cara (casi siempre en blanco y negro) a poblaciones de casi todas las comarcas catalanas. Hace unos años osaron entrar en Barcelona y ahora, en el barrio más rebelde, protestón y seguramente más maltratado de la ciudad: Nou Barris.

No puedo ocultar que tengo un vínculo muy estrecho con el barrio donde está el archivo  y que por eso, adentrarme en ese local lleno de fotos, mapas, libros y todo tipo de recuerdos de otras épocas, me espantaba tanto como me atraía. Y es que cuando una entra en el pasado, no para de mirar de un lado a otro, esperando que aparezca algún fantasma o que alguien que no está te diga “hola”.

4.000 fotografías
El Archivo Histórico de Roquetes ha cumplido en 2013 su 30º aniversario y aunque se alimenta de las aportaciones de sus socios y del trabajo de voluntarios no quisieron decir que no a este proyecto que lleva por nombre L’Abans (El antes). “Nos habíamos propuesto sacar un libro cada año y ahora, además del trabajo del archivo y de los libros que correspondían a este 2013, tenemos esta tarea que nos lleva mucho tiempo”, explica Jordi Sánchez, que además es profesor.

La faena no es fácil porque no solo van a tirar de archivo para recopilar las 4.000 imágenes que necesitan para hacer una selección de mil. “Pedimos a los vecinos que aportaran material propio y la respuesta ha sido increíble. Pero hay que ir, ver el material, seleccionar, que nos expliquen qué es cada foto, en qué lugar está tomada y quiénes aparecen”, explica Marta Grau, historiadora y voluntaria. Después el material va a la editorial, escaneado y debidamente documentado, y después son los voluntarios lo que tienen que devolver las imágenes a sus dueños.

El resultado es un megalibro que se venderá por fascículos. “Nadie compraría un volumen como este, que tendrá cientos y cientos de páginas de golpe. En cambio, por entregas, la gente va a por ellas al quiosco y se engancha”, explica Ricard, también historiador. El primera fascículo del coleccionable salió a la venta el 4 de octubre al precio de 2,95 euros y así será cada semana durante un año.

¿Y por qué parar en 1984? “Porque es el año en el que se creó el distrito, que antes era parte de Sant Andreu”, me cuenta Jordi Sánchez.


No hace tanto tiempo
No encontré ningún fantasma en las imágenes que vi, aunque confieso que no quise indagar mucho. Las fotos, sin embargo, son impactantes, sobre todo porque se puede apreciar como no hace ni sesenta años Nou Barris todavía era campo en su mayor parte. “Aquí había muchas masías y hablar con la gente de 80 y 90 años que aún vive y lo recuerda es un testimonio impagable de lo que era este distrito hace relativamente poco”, me cuenta Jordi y consigue que me produzca una pena terrible que no esté ninguno de los míos para contarlo.

Este archivo, que nació de manera amateur en la Escuela de Adultos Freire, tiene mucha experiencia en eso de recuperar cosas que ni siquiera son tan lejanas. Entre sus tareas está la de inventariar el patrimonio artístico del distrito, para conservar el que está reconocido, para reivindicar el que aún no lo está y para recordar algunas piezas que un día ocuparon las calles y luego desaparecieron para siempre.

De pronto veo algo que me llama la atención y me detengo. Es un proyector viejísimo y precioso que han restaurado y exhiben en el local. Parece que sea muy antiguo pero al preguntar, aparece el fantasma. “Es una donación del desaparecido Cine Cristal”, me explica Marta. Qué antiguo parece todo, qué rápido se construye una ciudad que hasta hace nada era todo campo, qué viejas las imágenes y sin embargo, de ese cine aún recuerdo yo las sesiones dobles disfrutadas de la mano de mi abuelo y el sabor de los pastelitos que vendían entre película y película. Y no, no hace sesenta años de todo eso, pues ni tan siquiera hace treinta, y ese barrio parece otro muy distinto, mucho, del que me muestran las fotos.

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